¿Quinto poder?

La tecnología ha impulsado cambios acelerados a la fisonomía tradicional de los sistemas políticos. El número de poderes formales e informales, que son parte del juego democrático, se ha incrementado y diversificado en proporciones nunca antes vistas. En el siglo ...

Francisco Guerrero Aguirre

Francisco Guerrero Aguirre

Punto de equilibrio

La tecnología ha impulsado cambios acelerados a la fisonomía tradicional de los sistemas políticos. El número de poderes formales e informales, que son parte del juego democrático, se ha incrementado y diversificado en proporciones nunca antes vistas.

En el siglo XVIII, durante la Ilustración, se instaló la idea de la separación de los tres poderes formales del Estado —el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial— para evitar la concentración y el abuso por parte de un solo conglomerado. Estos poderes continúan siendo el cimiento de la construcción de las democracias constitucionales.

También se reconoció la existencia de un  “cuarto poder” dando a la prensa y a sus sucedáneos el papel de “vigilantes” del funcionamiento del ejercicio público. Los medios de comunicación han contribuido a mejorar la rendición de cuentas al generar contrapesos, estimular la crítica y evidenciar los naturales excesos del poder.

No obstante su importancia cardinal, los poderes existentes han sido insuficientes para el eficiente funcionamiento de los sistemas políticos del siglo XXI. El auge del internet, las redes sociales y la tecnología móvil proporcionaron herramientas adicionales para actuar desde la trinchera ciudadana.

Las nuevas formas de comunicación y participación de la ciudadanía, interconectada en tiempo real, sugieren la aparición de un “quinto poder”, indómito, impredecible y rebelde.

Un nuevo mecanismo de presión social en el que “ciudadanos online”, a través de sus computadoras o teléfonos inteligentes, expresan opiniones, críticas y juicios sumarios con tuits y posts a granel. El “quinto poder” es el nuevo activismo ciudadano habilitado por las nuevas tecnologías.

Para México, esto es importante porque sus ciudadanos cada vez están más en línea. De acuerdo con la encuesta reciente del Inegi, sobre el uso de tecnologías de información (ENDUTI) del año 2016, 59.5% de la población mexicana es usuario de internet y 60.6 millones cuenta con un smartphone.

Por un lado, la desconfianza ciudadana en las instituciones continúa siendo preocupante. De acuerdo a Latinobarómetro 2016, las tres instituciones que gozan de menor confianza por parte de la ciudadanía latinoamericana son: el gobierno (28%), el Poder Judicial (26%), el Congreso (25%) y los partidos políticos (17%).

Por otro lado, la confianza en los medios tradicionales tampoco pasa por un buen momento. En México, según Parametría, los medios de comunicación gozan de niveles históricos de desconfianza por parte de la ciudadanía. La encuesta realizada en enero de 2017 muestra que ocho de cada 10 mexicanos y mexicanas desconfían de los periódicos (confianza de 19%), los noticieros de radio (18%) y los noticieros de televisión (17%). 

BALANCE

Adicionalmente, las redes sociales están equiparando a los medios tradicionales como una de las fuentes principales de consumo de noticias para la población en general. El cuestionamiento a Facebook sobre la proliferación de fake news y filter bubbles, durante la campaña electoral de Estados Unidos en noviembre del año pasado, es señal de que el “quinto poder” adquiere gradualmente más poder.

Hablar de la emergencia de un “quinto poder” como mecanismo efectivo de presión y cambio social pudiera considerarse como algo exagerado. Sin embargo, es innegable que el carácter instantáneo de las redes sociales ha cambiado la naturaleza del juego político. Entender esta nueva dinámica y adaptarse a ella es uno de los grandes retos para la democracia contemporánea.

*Secretario Para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA. Los puntos de vista son a título personal.

                No representan la posición de la OEA.

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