Sensatez y sentimientos

Al igual que Elinor y Marianne, protagonistas de la obra de Jane Austen, ambas naciones parecen encontrarse en dichos extremos.

Wilbur Ross, el multimillonario recientemente ratificado como secretario de Comercio de Estados Unidos, señalaba en sus primeras declaraciones que “si nosotros y los mexicanos logramos un muy ‘sensato’ acuerdo de comercio, el peso mexicano se recuperará bastante”. Dichas aseveraciones han sido recibidas con “optimismo” al abrir la posibilidad de una renegociación “más tersa” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Por desgracia, las mismas siguen basándose en un enfoque —transmitido por la Casa Blanca— que considera a dicho compromiso internacional como “exclusivamente beneficioso para México y perjudicial para los intereses de Estados Unidos”.

¿Mediará la “sensatez” o preponderarán los “sentimientos” entre ambos gobiernos?

Al igual que Elinor y Marianne, protagonistas de la obra de Jane Austen, ambas naciones parecen encontrarse en dichos extremos: “Siempre la resignación y la aceptación; siempre la prudencia, el honor y el deber... ¿y el corazón?”. La semana pasada, México canceló permisos vigentes de exportación de azúcar a Estados Unidos, ya que funcionarios de bajo nivel del Departamento de Comercio han realizado una interpretación equivocada de los Acuerdos de Suspensión de 2014 y, al estar aún sin contrapartes designadas de mayor jerarquía, el gobierno mexicano decidió “evitar una guerra de precios” o una sanción por incumplimiento.

Por su parte, la defensa de la generación de empleos del sector manufacturero por el gobierno estadunidense ha sido apasionada. El déficit en la balanza comercial ahora es visto como un tema de seguridad nacional, ya que el mismo secretario Ross había señalado, previo a su formalización en el cargo, que: “Seremos agresivos porque los tratados que hemos firmado han resultado en una gran cantidad de cierre de empresas”. 

En la novela del siglo XIX, Marianne intenta moderarse tras una serie de desencuentros con su hermana y se dice que estará “calmada” y “dueña de sí misma”. Quizás esta “nueva” postura será adoptada también por el gobierno del presidente Trump, tras percatarse de que 14% del comercio global se rige por el TLCAN.  Tal vez por ello, en la primera reunión entre el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, con su homologo, se anunció que “las pláticas del TLCAN vendrán después”, por lo que no queda claro por qué un tema prioritario durante la campaña presidencial estadunidense se estaría postergando.

México trabaja para contar con herramientas para renegociar en cualquier momento. Por ello, comenzó un proceso de consultas de 90 días en industrias relacionadas con el campo, empresas automotrices y las farmacéuticas, que deberán jugar un papel importante para garantizar una postura firme, ya que podrían ser la diferencia entre un buen acuerdo o la inviabilidad del mismo.

El TLCAN ha beneficiado a toda la región y, aunque, efectivamente, temas como las reglas de origen deben ser modernizados, el libre comercio ha creado condiciones favorables para consumidores, comercializadores y productores, cuadriplicando el intercambio de bienes y servicios en los últimos 20 años. México deberá mostrarle a Estados Unidos y a Canadá que su competitividad y productividad ya no pueden ser pensadas sin sus vínculos con nuestro país.

Investigadora adscrita al Centro Anáhuac en Relaciones Internacionales (CAIRI). Profesora de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México.

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.

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