Charlie Hebdo, ¿periódico racista?
La reciente portada representa su espíritu: una publicación anarquista, sin publicidad, opuesta a todo tipo de poder.
*Yann Marcadet
Después de seis semanas de ausencia, el 25 de febrero pasado salió un nuevo número de Charlie Hebdo. Este semanario francés sufrió el 7 de enero un atentado que dejó muertas a 12 personas, entre ellas cinco de los caricaturistas más destacados del país galo. Desde entonces, los periodistas y dibujantes sobrevivientes atravesaron un túnel de dudas y de miedos, sin saber si el periódico realmente iba a poder continuar. Por suerte, parece que la aventura continúa.
La portada del último número, con fondo rojo, presenta a un perrito solo, sosteniendo en su hocico el famoso semanario, huyendo de la manada de los tradicionales “enemigos” de Charlie: Nicolas Sarkozy, Marine Le Pen, un obispo, un capitalista y un fundamentalista musulmán. La portada representa bien el espíritu del periódico: una publicación anarquista, sin publicidad, opuesta a todo tipo de poder. Esta línea editorial progresista, pacifista y subversiva, no fue, desafortunadamente, entendida por todos.
El 14 de enero de 2015, en el diario La Jornada, Guillermo Almeyra publicó una opinión intitulada “Charlie Hebdo y la ola reaccionaria”. Llama la atención cómo el autor percibe al semanario francés. Para él, “hubo un tiempo en que Charlie Hebdo criticaba suavemente a los gobiernos sucesivos mientras hacía chistes machistas y elitistas y era sólo una revista-pasatiempo irreverente”. ¿Una revista-pasatiempo irreverente? Tal vez. Finalmente la lectura de Charlie es muchas veces chistosa y agradable. Sin embargo, no recuerdo haber leído en él ningún chiste machista; es más, Charlie Hebdo es una publicación que siempre denunció la desigualdad hombre-mujer. Por ejemplo, durante varios años el periódico tuvo una columna en la que cada semana se denunciaban las publicidades sexistas. ¿Charlie Hebdo criticaba suavemente a los gobiernos sucesivos? Me encantaría conocer la opinión sobre este punto de los políticos franceses que ven regularmente en las páginas del periódico sus acciones analizadas y fuertemente denunciadas.
Siguiendo la lectura del artículo de Almeyra, nos enteramos de que Charlie Hebdo fabrica desde el 11 de septiembre de 2001, “una versión colonialista y racista del Islam sin tener en cuenta ni el necesario respeto a las creencias religiosas de millones de trabajadores en Francia ni la sangrienta huella que dejó en éstos el racismo y la opresión de los colonialistas”. El colonialismo francés fue una barbarie, específicamente en Argelia, no hay duda. Pero que Charlie Hebdo haya exacerbado una visión colonial del Islam es totalmente falso. Al contrario, a diferencia de la ultraderecha (y a veces derecha democrática) francesa, la publicación siempre ha diferenciado claramente la extensa gran mayoría de musulmanes franceses demócratas y laicos y, por otro lado, una ínfima minoría de extremistas, siendo estos últimos dignos de ser blanco de Charlie. ¿Y cómo lo hizo el periódico? Como con cualquier otro extremismo religioso, caricaturizando sus símbolos.
En Francia, en el nombre de la laicidad, la ley reconoce el derecho de atacar a los símbolos religiosos, porque representan una ideología que puede ser criticada, como cualquier otra ideología no religiosa. Esto es lo que siempre hizo Charlie Hebdo. Por supuesto, puede herir, como lo puede hacer cualquier columna o artículo que va en contra de convicciones personales, pero así es la democracia: tenemos el derecho de no estar de acuerdo. Sin embargo, la ley francesa prohíbe fuertemente las publicaciones discriminatorias hacia las personas que pertenecen a una religión, lo que justamente nunca hizo Charlie Hebdo.
* Profesor de la Facultad de Estudios Globales, Universidad Anáhuac México Norte.
