Espionaje: amenaza a los valores nacionales

Las actividades de vigilancia están de cierta manera justificadas en la mente de los estadunidenses.

Por *Analicia Ruiz

Los recientes escándalos que han evidenciado las actividades de espionaje de las agencias de inteligencia estadunidenses presentan una nación con incongruencias endémicas. Sin duda, estos eventos cuestionan los valores democráticos sobre los que se cimienta el proyecto nacional de Estados Unidos.

Por un lado, son el país de la libertad, con todas sus aristas y, por otro, son la nación que vulnera la privacidad de miles de personas dentro de su territorio, así como la de gobiernos y gobernantes de otros Estados. La nación del The land of the free contrasta con un gobierno que transgrede los derechos de privacidad.

La discusión sobre la legalidad y justificación del espionaje ha encendido el debate entre los defensores de los derechos civiles en EU. El argumento se centra en que los excesos del gobierno están acabando con las instituciones democráticas. Los valores democráticos y de libertad, pilares de la cultura nacional, se ven amenazados por el miedo y la paranoia del gobierno.

Esta paranoia ha estado presente a lo largo de la historia de Estados Unidos, sin embargo, hoy se evidencia como una amenaza al proyecto nacional. Antes de la creación de la nación, el temor a que el Imperio Británico se impusiera sobre las colonias fue el motor del movimiento de independencia. Tras su nacimiento como nación, fueron varios los enemigos que sembraron el miedo y la paranoia, desde los indios y las potencias europeas, hasta la influencia socialista y la bomba atómica. Después de la desintegración de la Unión Soviética, que fuera por muchos años el gran enemigo, voltearon los ojos hacia el terrorismo de origen islámico.

Las actividades de espionaje están de cierta manera justificadas en la mente de los estadunidenses, ya que garantizan la seguridad y pueden evitar un nuevo ataque terrorista como el de las Torres Gemelas de 2001. Hay que recordar que la inteligencia posterior al ataque del 9/11 indica que, de haber profundizado en algunas pistas de información, se hubiera podido evitar. Sin embargo, los actuales escándalos de espionaje involucran personajes como la canciller de Alemania o el ex presidente de México. Resulta difícil explicar que Angela Merkel o Felipe Calderón sean una amenaza terrorista o tengan alguna cercanía con terroristas.

A la luz de estos acontecimientos, se ponen en entredicho los valores democráticos estadunidenses. Las prácticas de espionaje indiscriminado atentan contra los derechos de privacidad y de libertad de los ciudadanos comunes. Estos escándalos presentan a Estados Unidos como un gobierno que pasa por alto los derechos más elementales de cualquier ciudadano.

Lo que resulta sorprendente es que estos eventos internacionales hayan provocado más indignación dentro de la nación estadunidense que en los países afectados. En Estados Unidos el reclamo no se orienta hacia el desgaste que estas actividades han generado en la relación con naciones como México, Alemania u otras; tampoco el impacto negativo a nivel internacional que permite el cuestionamiento de las prácticas.

La discusión dentro de la nación se centra en que un gobierno formado por la gente —como lo dice su Constitución We the people— y que le sirve a la gente, no puede ser a la vez el enemigo de la gente; un enemigo que espía indiscriminadamente y de manera ilegal. Este debate presenta la oportunidad de una sana y necesaria reflexión interna sobre los valores democráticos que son pilares de la nación.

* Profesora de la Escuela de Relaciones Internacionales. Universidad Anáhuac

México Norte.

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