La era del Text to Anything, un juguete rabioso
Aun cuando el Text to Anything supone la democratización de la creatividad, también hiere de muerte a los especialistas (se prescinde, pues, de los “creativos”).
La humanidad está entrando en la era del Text to Anything. Esto es, a partir de simples instrucciones de texto se puede crear cualquier cosa: imágenes, música, videos y contenidos por medio de la inteligencia artificial. Precisamente, el abuso de la IA tiene sus reparos. El principal acaso sea su eventual dominio sobre la inteligencia humana. Esa preocupación resulta cuestionable. La historia muestra innumerables casos, con computadoras y sin ellas, en los que se han tomado las decisiones equivocadas. Es lo que hay. Para ponerlo en corto, los dirigentes no son infalibles. Algunos incluso nos provocan vergüenza. Por ejemplo, y por enésima vez, Donald Trump.
El presidente de Estados Unidos utilizó la IA para mostrar su proyecto de “renovación” para la Franja de Gaza. A través de su red social, Truth Social, posteó un video generado por IA en el cual ese devastado sitio figura como un opulento complejo turístico. En los hechos, Trump desea desplazar a los palestinos de ese territorio. En el mundo virtual divulga un sueño guajiro. El peligro, en todo caso, es que un líder de su estatura propague su furia a través de nuevas herramientas, como si sus dichos no fueran lo suficientemente indignantes.
Ni la autoría ni el origen del video están claros, pero expertos apuntan a que fue descargado de Rumble, una plataforma audiovisual con sede en Florida, muy popular entre la derecha, según reportó The New York Times. Evidentemente, el video fue repudiado por los palestinos, igual que las naciones árabes que reprueban el plan de Trump para que Estados Unidos alce la “Riviera de Oriente Medio”.
Así, cualquiera con acceso a internet puede producir un desbalance en la geopolítica con una simple descripción en un cuadro de texto, al dejar que fluya su creatividad.
La oferta de asistentes basados en IA se ha multiplicado de forma exponencial en los últimos años con la incursión de Copilot, de Microsoft (en febrero de 2023: “your companion to inform, entertain, and inspire”), y Gemini, de Google (en abril de 2024: “chatea para dar rienda suelta a tus ideas”). Lo notable es que cada día surgen otros mucho más sofisticados. Los sherpas tecnológicos en nuestra vida cotidiana a cualquier hora, los 365 días del año.
La realidad (o la hiperrrealidad) vuelve a superar a la ficción, pero eso ya no es sorpresa. Hoy en día es posible crear códigos de programación y ensayos, pues existe un amplio catálogo de posibilidades para que aquéllos surjan en pocos minutos de acuerdo con la necesidad de cada usuario. Si se requiere una imagen, se puede recurrir a herramientas como DaVinci AI (“to generate unique artworks and photorealistic images”) o Midjourney (“an independent research lab exploring new mediums of thought and expanding the imaginative powers of the human species”). Si, por otro lado, falla la musa inspiradora para escribir una columna (que éste no es el caso y esperemos que nunca lo sea), se puede echar mano de la china DeepSeek, que a finales de enero desfalcó a ChatGPT y le ocasionó pérdidas millonarias a Nvidia. Para video, Luma (“Ideate, visualize, create videos, and share your dreams with the world, using our most powerful image and video AI models”) o Runway (“Tools for human imagination”) son lo más sofisticado.
Pero aun cuando el Text to Anything supone la democratización de la creatividad, también hiere de muerte a los especialistas (se prescinde, pues, de los “creativos”). La era del Text to Anything puede ser muy conveniente. Transformará industrias y vidas. Quizás se trate de toda una revolución para los artefactos de consumo. Y en política está de moda que el consumismo beba del manantial de los populistas y los demagogos.
