Frases picantes

Injuriar al primer mandatario o a cualquier gobernador o al presidente del INE, entre otros actores de la vida pública, es agitación diaria, y tendría que revisarse caso por caso.

Sólo a alguien muy tonto se le ocurre hacer un esfuerzo por inhibir, a estas alturas, la libertad de expresión. Pero únicamente alguien más tonto se suma a una propuesta de esa naturaleza. Por un lado, estuvo la pretensión de elevar las multas por injurias hacia el Presidente de parte de legisladores del partido en el gobierno. Por el otro, el líder de la actual administración ha declarado, una y otra vez, desde antes del día uno de su mandato, que la libertad de expresión estaría garantizada, que todo mundo tendría derecho a disentir y que, asimismo, respondería a sus críticos, adversarios y enemigos cada ocasión que lo considerara necesario. La pifia legislativa tuvo un efecto boomerang.

En ese escenario, lo lamentable han sido las mañaneras como monólogos de efectivo largo alcance. Hoy día, empero, salvo la contención de algunos analistas, se puede y se debe criticar al Presidente. Que éste responda desde Palacio Nacional es una señal de que el hombre nunca baja la guardia, situación explicable dado que le costó un mundo ganarse la confianza de los electores, por no mencionar los fraudes del pasado que tanto alega y por el que desea modificar, radicalmente, nuestro sistema democrático. Pero Andrés Manuel López Obrador es muy hábil para jugar sus cartas. Alguna vez declaró que la venganza no es su fuerte. Lo suyo es hablar. Informarle “al pueblo” con datos no exentos de demagogia.

Las libertades de manifestarse u opinar son banderas que, públicamente ha expresado López Obrador, no obstante el famoso “Cállate, chachalaca” que le dirigió, como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, al entonces presidente Vicente Fox, celoso de la popularidad del tabasqueño. Distinta fue otra recordada frase: “Ni los veo ni los oigo”, de Carlos Salinas de Gortari. Diferente, asimismo, la petición de Ernesto Zedillo cuando en un acto público solicitó a un maestro dejar a una alumna manifestarse por la situación de Chiapas y el EZLN. Ridícula, en todo caso, la simulación de Enrique Peña Nieto, que nada más volteaba al otro lado y cuyo actual silencio resulta intrigante. “A mí sólo me regañan los jaliscienses”, respondió Francisco Javier Ramírez Acuña a Fox, quien lo amonestó por “destapar” a Felipe Calderón.

Visto en perspectiva, las frases polémicas son parte del juego. Injuriar al primer mandatario o a cualquier gobernador o al presidente del INE, entre otros actores de la vida pública, es agitación diaria, y tendría que revisarse caso por caso. El foco de alarma está en que han corrido días y años con una oposición desdibujada, situación que cancela el quehacer habitual que cualquier democracia requiere. Si cuatro años después esos actores políticos han fracasado en integrar propuestas más o menos atendibles, ¿cómo pretenden atraer a los votantes en 2024?

CAJA NEGRA

Ocurrió apenas el 10 de febrero. Cuatro custodias del penal de Puente Grande fueron violadas por reclusos que ingresaron a su área de trabajo. Evidentemente, las víctimas se han negado hasta el momento a presentar denuncia por temor a posibles, y probables, represalias. “En el lugar en donde ellas están, en las torres de seguridad, un detenido no es tan fácil que llegue, se tienen que violar muchos filtros de seguridad”, señaló Juan Manuel Mercado, de la Organización Nacional de los Derechos Humanos y Laborales de los Policías de México.

“La información que tenemos es que hubo una fiesta con drogas y alcohol y los jefes de seguridad vendieron a las compañeras, como si fuera trata de personas con los internos”.

¿Recuerda usted el caso del cadáver de un bebé hallado en un basurero de una cárcel de Puebla? Hace tiempo perdimos la capacidad de asombro. También la moral. Pero la interrogante es la misma: ¿Qué clase de gobierno derrotará al crimen organizado si es incapaz de controlarlo detrás de unas rejas?

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