El agente naranja
El auténtico ataque al Capitolio quedó perfectamente registrado el 6 de enero de 2021, cuando Donald Trump azuzó a sus simpatizantes. Hoy es posible, y hasta probable, que ese hombre que tiró la piedra y escondió la mano regrese por todo lo alto al despacho oval.
Si usted quiere pasar un buen rato, la serie Designated Survivor (tres temporadas disponibles en Netflix) tiene todo lo que al seguidor de tramas político-policiales le gusta, con sus respectivas exageraciones. El arquitecto y académico Tom Kirkman (interpretado por Kiefer Sutherland) es uno de esos funcionarios que nunca dan color (en su calidad de secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano), pero de golpe y porrazo se convierte en presidente de Estados Unidos. ¿Cómo ocurre eso? En los primeros minutos del capítulo inicial, en una noche en que el “verdadero” presidente de la Unión Americana ofrece un discurso en el Capitolio, una explosión deja en ruinas el histórico edificio y acaba con la vida de todos los presentes: los miembros del Congreso y del gabinete entero, salvo Kirkman, el “sucesor designado”, una precaución que se toman los gringos en caso de cualquier eventualidad.
Hay un montón de tramas en las pantallas sobre agresiones a punta de pistola en la Casa Blanca y demás sedes reconocibles de los poderes de Estados Unidos. En esas historias se desarrollan conspiraciones externas o de enemigos domésticos del gobierno de las barras y las estrellas. Sin embargo, el auténtico ataque al Capitolio quedó perfectamente registrado el 6 de enero de 2021, cuando Donald Trump azuzó a sus simpatizantes. Hoy es posible, y hasta probable, que ese hombre que tiró la piedra y escondió la mano regrese por todo lo alto al despacho oval.
La democracia pone en predicamento a los electores. El racismo de Trump se esparce como un agente naranja. Sus dichos tóxicos ofenden. Sus acciones, finalmente, han lastimado a buena parte de la sociedad del vecino país del norte. Esos discursos sobre los puertorriqueños y migrantes de “países de mierda” están ampliamente documentados.
Sus disparates, como sugerir inyectarse desinfectante para combatir al covid-19, o que los haitianos instalados en Springfield (Ohio) se comen a los perros, gatos y mascotas “de la gente que vive ahí”, quedaron para la posteridad. En ese sentido, resulta increíble o, mejor dicho, es un absurdo, que casi 50% de los encuestados estén dispuestos a confiarle su voto.
En su momento, Trump acusó a los medios estadunidenses de combatir su administración. Martin Baron, periodista hoy retirado, exdirector de The Washington Post, señaló que para nada estaban en guerra contra nadie. Sencillamente, “estamos haciendo nuestro trabajo”. En una entrevista reciente, Baron subrayó la importancia de conocer las propuestas de los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos. Este martes, los estadunidenses decidirán el futuro de su país por los próximos cuatro años. “Sin embargo, hay una gran diferencia entre los dos candidatos. Hay una candidata que cree en el sistema democrático y otro que ha trazado líneas políticas de naturaleza autócrata; no hay duda de que es un aspirante a autócrata. Él admira a los dictadores de otros países: Orbán, Erdogan, Putin” (El País, 27-10-2024).
En 1800, John Adams se convirtió en el primer presidente en ocupar la Casa Blanca. Evidentemente, desde entonces los escritos sobre la residencia oficial de la nación más poderosa del mundo se miden en miles de kilómetros que le darían varias vueltas al planeta. Al momento de preparar esta colaboración, recibí, por suerte, lo siguiente: en una misiva que dirige a su esposa Abigail, su confidente y principal asesora, Adams señala: “Antes de concluir mi carta, le ruego al cielo la mayor de las bendiciones para esta casa y para todos los que la habiten en lo sucesivo. Que tan sólo hombres honestos y sabios gobiernen debajo de este techo”.
Ciertamente, el mundo ha cambiado. Ya se verá si una mujer prudente toma las riendas del país multicultural por excelencia, o si un loco regresa con sus temas.
