“Art attack”

¿Estarán conscientes del posible daño que una acción de esa naturaleza podría provocar en obras maestras de la humanidad?

Sucedió apenas el mes pasado. En la Galería Uffizi, de Florencia, dos jóvenes rebasaron los límites marcados y pegaron sus manos al vidrio que protege La primavera, de Botticelli, obra célebre del arte universal, ante la sorpresa de visitantes y personal del recinto. Los muchachos mostraron una pancarta que decía: “Última generación, sin gas, sin carbón”, protesta organizada precisamente por el grupo ambientalista Ultima Generazione.

En Londres, otro par de activistas de Just Stop Oil cubrió La carreta de heno, lienzo del pintor John Constable, resguardado en la National Gallery. Para lograr su cometido, pegaron al referido cuadro un póster de un paisaje devastado por las energías fósiles.

¿Fue coincidencia que dos grupos ecologistas hicieran sendos actos en museos famosos y muy visitados, destinos naturales del “turismo cultural”? Hay quienes dicen que no. ¿Estarán conscientes del posible daño que una acción de esa naturaleza podría provocar en obras maestras de la humanidad? Aparentemente, es un riesgo que están dispuestos a correr. ¿Lo hicieron porque es más redituable para su causa? Está claro que acciones similares en ámbitos locales muy difícilmente tendrían un impacto global. Por otra parte, la mayoría de los gobiernos del planeta anda a paso de tortuga con los compromisos por generar energías limpias.

Hannah Hunt, estudiante de Psicología de 23 años, y Eben Lazarus, de 22 y estudiante de Música, miembros de Just Stop Oil, adhirieron pegamento a una de sus manos y la colocaron al marco de la referida obra de Constable. Al final, queda la certeza de que el arte es solamente arte. “Esta pintura (de Constable) forma parte de nuestro patrimonio, pero no es más importante que los 3,500 millones de hombres, mujeres que ya están en peligro por la crisis climática”, declaró Lazarus. Otros dos militantes de Just Stop Oil se pegaron al marco de un cuadro de Van Gogh, también en un museo de Londres.

Entre los recientes ataques a obras de arte está el pastelazo a la Mona Lisa, en el Louvre. En mayo, un hombre con una peluca y en silla de ruedas simplemente se acercó a la obra y le aventó un pastel. Cuando la seguridad del museo lo capturó, el misterioso personaje gritó consignas para la protección del planeta. Por fortuna, el óleo de Leonardo no sufrió daños gracias a que está protegido por un vidrio a prueba de balas, acaso a la espera de nuevos eventos de este tipo.

A lo largo de la historia hay numerosos incidentes contra obras de arte. En 1990, por ejemplo, un paciente de un centro psiquiátrico de Ámsterdam escapó y le regó ácido a La ronda nocturna, de Rembrandt. La propia Mona Lisa, antes de contar con su cristal protector, sufrió pedradas y rocíos de pintura.

En 1914, la sufragista Mary Richardson le clavó un cuchillo a La Venus del espejo, de Velázquez. Ignoro si ese hecho fue plasmado en la película Las sufragistas (2015), el grupo de mujeres que reclamó el derecho al voto, demanda ignorada por los parlamentarios británicos debido a su condición de “seres inferiores”.

Asimismo, ignoro si los referidos ataques al arte, reclamos por un mayor cuidado del planeta, merezcan una película o un documental, pero es evidente que esas acciones pueden generar reacciones en donde sea, en cualquier momento. En el caso de México, ignoro también si Las dos Fridas, que está en el Museo de Arte Moderno, o el Calendario Azteca, en el Museo de Antropología, por sólo mencionar dos piezas, puedan verse afectadas por una protesta ante la postura nacional respecto a las energías renovables.

CAJA NEGRA

Al momento de concluir esta entrega, el novelista Salman Rushdie, desde 1989 amenazado de muerte por sus escritos, fue apuñalado en el cuello y el abdomen antes de dar una conferencia en Nueva York. Entre ataques al arte o a los creadores también gira la Tierra.

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