Xóchitl en el Congreso

No fue el Día del Presidente, pero quizá sí el Día de la próxima Presidenta. A pesar del informe de gobierno y el viaje en vagón con gobernadores en un tramito del Tren Maya, la nota del primero de septiembre se la llevó una opositora al hablar en la máxima tribuna ...

No fue el Día del Presidente, pero quizá sí el Día de la próxima Presidenta. A pesar del informe de gobierno y el viaje en vagón con gobernadores en un tramito del Tren Maya, la nota del primero de septiembre se la llevó una opositora al hablar en la máxima tribuna de la nación. El acontecimiento, de suyo importante por el carácter de la oradora y el mensaje, se vio realzado por las pifias de las bancadas oficialistas que no supieron cómo reaccionar.

El sabor agridulce por no haberse culminado el proceso con la votación ciudadana convenida para elegir a la coordinadora del Frente Amplio por México desapareció con la triunfal participación en San Lázaro de quien, sin buscarlo ni proponérselo, se quedó como aspirante única. Por eso Xóchitl Gálvez ingresó al pleno de la sesión de Congreso general como virtual candidata presidencial, lo cual pudo darse porque la elección se suspendió. Mejor consuelo, imposible.

No sólo fue la llegada triunfal, la imagen presidencial y el elocuente discurso de contrapunto con el del mandatario en la mañana, también el desconcierto de Morena y sus aliados que, en primera instancia, abandonaron el salón de plenos para, después, regresar a injuriar a la oradora. Al irse acusaron el golpe, mostrando su inquina, y al volver regañados para denostarla confirmaron el error y lo acrecentaron. Mientras el oficialismo exhibió el miedo que le tienen, la oposición, al cerrar filas frente a los ataques, dejó testimonio del episodio con imágenes memorables al grito de “¡Pre-si-den-ta, Pre-si-den-ta!”.

Pero eso no fue todo. La diputada morenista Aleida Alavez tuvo la infame ocurrencia de “desinfectar” con un aerosol la tribuna al subir después de la senadora. El gesto expresa bien el ínfimo nivel de debate de la bancada mayoritaria y deja en claro, una vez más, que en su proyecto no caben quienes piensan distinto. Si de por sí es inadmisible ese desplante que anula cualquier atisbo de civilidad en un parlamento, cuya esencia es la pluralidad, el peso simbólico de hacerlo después de la participación de una mujer indígena es atroz, con independencia de las “razones” que haya dado para justificar ese despropósito. Por cierto, causa hilaridad que aduzca acusaciones de corrupción no comprobadas, siendo ella muy cercana a René Bejarano.

Xóchitl se encumbró gracias a los ciudadanos que la respaldaron en todo momento y no hay duda de que habría ganado la elección primaria si se hubiera realizado. Obtuvo más firmas que cualquiera y la inmensa mayoría de ellas, el 90%, las consiguió por fuera de las estructuras partidistas y su crecimiento vertiginoso en las encuestas, tomando clara delantera en la oposición a tan sólo dos meses de haber levantado la mano, dan cuenta de su potencia. Lejos de ser la favorita de las dirigencias, el fenómeno social que originó su irrupción, después de que le cerraran las puertas de Palacio Nacional para impedir que replicara a las calumnias presidenciales, acabó por imponerse. Su legitimidad es enorme y ostensible.

Por eso no extraña el efecto telúrico que tuvieron las palabras pronunciadas por Gálvez; todo lo demás pasó a segundo plano. Quienes miraron hacia otro lado los dos años de las ilegales campañas anticipadas de las corcholatas y aplauden que en las conferencias mañaneras se ignoren cautelares del INE, resoluciones del TEPJF y hasta órdenes de jueces, se desgarraron las vestiduras por lo que consideraron un acto electoral en el Palacio Legislativo. Pero volvieron a errar el tiro porque se trata de una senadora en funciones, tiene el derecho constitucional de usar esa tribuna y, según la misma Carta Magna, sus opiniones ahí pronunciadas son inatacables.

Quienes adelantaron los tiempos se quejan de no correr solos, aunque ellos, además, echan mano del aparato de Estado para sus labores proselitistas, al grado de que hasta el propio Marcelo Ebrard denunció el uso de los programas sociales para favorecer a Claudia Sheinbaum.

El mensaje de Xóchitl, llamando a la reconciliación y valorando la eficiencia para resolver problemas por encima de ideologías, es poderoso, el mejor remedio ante la destrucción y el uso faccioso del gobierno. México necesita soluciones, no discursos de odio.

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