Privilegios

La concentración del poder ha debilitado controles y favorecido la discrecionalidad. Jamás en este siglo habían sido tan excepcionales las licitaciones para otorgar contratos y obra pública

Ocultan la demolición de la democracia con demagogia. Machacan ad nauseam que la defensa del INE y la legislación electoral responde a la aviesa intención de recuperar privilegios perdidos, como si elegir gobernantes y representantes en elecciones libres, equitativas y confiables no se tratara de un derecho conquistado. Peor aún, endilgan el sambenito a los ciudadanos que se manifestaron pacíficamente en más de una centena de plazas, siendo que, en su inmensa mayoría, no pertenecen a ningún partido político.

Más allá del uso irracional de la invectiva, ¿de verdad se acabaron los privilegios con el arribo de López Obrador a la Presidencia, tal y como éste asegura? Yo tengo otros datos. La concentración del poder ha debilitado controles y favorecido la discrecionalidad. Jamás en este siglo habían sido tan excepcionales las licitaciones para otorgar contratos y obra pública. Cientos de empresas beneficiadas por las adjudicaciones directas se crearon a raíz del triunfo electoral de Morena en 2018.

Algunos privilegios cuestan. Comprar millones de pesos en boletos de rifas ideológicas ayuda a ser bien considerado en las asignaciones. Los tamales de chipilín sirven de consuelo del moche pagado por adelantado. Al menos ahí las transferencias fueron por encima de la mesa. La maquinaria que mueve clientelas se aceita con efectivo, como se constató en la marcha del ego herido. No había partidas del presupuesto para financiar flotillas de camiones ni la estancia de decenas de miles de personas traídas de todo el país; pero no faltó el dinero, sólo las explicaciones de dónde salió.

Usan de ariete la ley que impide tener mayores remuneraciones que el Presidente, pero éstas no han sido cuantificadas, no obstante que hay un mandamiento de la Corte en ese sentido. No se trata sólo del salario que él puede ahorrar en su totalidad, también el conjunto de sus necesidades que son cubiertas por el erario. Cambiar la residencia oficial de una casa al céntrico palacio virreinal desmiente a quien asegura combatir los excesos de la clase política y es un capricho que no salió barato. Se predica austeridad desde esa majestuosa construcción colonial de lujos extravagantes, inmejorable fábula de la “transformación” que estamos viviendo.

La corrupción no se acaba agitando un pañuelo blanco, tampoco la impunidad ni la falta de rendición de cuentas. El exceso de mortalidad con 758 mil 896 personas, confirma el pésimo manejo de la pandemia; sin embargo, todos siguen en sus cargos, empezando por el responsable, Hugo López-Gatell. El desfalco en Segalmex equivale a dos Estafas Maestras, pero quien fuera el titular cuando sucedieron los hechos, Ignacio Ovalle, solo padeció el traslado a un puesto equivalente en la Segob. A la pregunta de ¿por qué no pasa nada con Yasmín Esquivel, la ministra señalada por plagiar sus tesis de licenciatura y doctorado?, López Obrador respondió que “de la misma forma que no pasó nada cuando le robaron la Presidencia en 2006”. Visto así, el fraude imaginario sirve para justificar cualquier cosa.

Nunca se habían repartido tantas embajadas, consulados y agregadurías culturales por acomodo y componendas políticas, en detrimento del Servicio Exterior Mexicano. La diplomacia degradada con la improvisación de los favores pagados.

La Fiscalía de la CDMX fabricó delitos contra Laura Morán y Alejandra Cuevas, al grado que la SCJN hizo ver que ni siquiera existían en el Código Penal, en un asunto personal del fiscal Gertz Manero. También impidió que Florencia Serranía acudiera a comparecer por el colapso en la Línea 12, aunque era la directora del Metro al ocurrir la tragedia. Y obtuvo una orden de aprehensión, congeló cuentas y pidió la extradición de María Isabel Cal, viuda del hijo de José María Riobóo, sin tener jurisdicción en España, donde ni siquiera consideran que exista delito que perseguir.

A Pío López Obrador lo absolvió la Fiscalía de Delitos Electorales, a pesar de la confesión pública de su hermano, presidente de Morena cuando recibió los sobres amarillos, quien aseguró que eran “aportaciones al movimiento”, y que de los videos se desprende que el dinero fue a parar a las campañas. Menos mal que ya se acabaron los privilegios.

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