Pena ajena
Quejarse del intervencionismo de tu aliado comercial con su rival geopolítico no es acto de buena vecindad y puede tomarse como un pueril amago
Subordinar todo a los fines de la propaganda tiene costos, y no se diga cuando eso significa desentenderse de las discretas formas de la diplomacia. El Presidente mexicano decidió hacer pública una carta personal a su homólogo chino, Xi Jinping. En ella le pide información sobre envíos al país de fentanilo: ¿quiénes la importan?, ¿en qué cantidad?, ¿cuáles embarcaciones?, ¿a qué puertos arriban?
Las preguntas las formula, extrañamente, después de jactarse del control que tiene la Marina de todo lo que se importa por vía marítima y descalificar los señalamientos de legisladores norteamericanos por presuntas omisiones en el combate a la fabricación y trasiego del opioide sintético, asegurando con vehemencia nacionalista que no cede a esas presiones, sino a un interés puramente humanitario. Lo peor de todo es que la improvisada candidez tuvo respuesta.
Este tipo de intercambios suelen ser privados, pero López Obrador quiso, con la publicidad, dejar establecida su intención de colaborar para detener el tráfico ilegal de las pastillas que han generado una epidemia con decenas de miles de muertos en Estados Unidos, cuidando el mostrarse ante su porra como celoso guardián de la soberanía. Parece un gesto hacia los congresistas de ese país que lo visitaron en Palacio Nacional, sin descuidar su flanco interno. Les dije que el fentanilo no se produce en México y para que no queden dudas sobre mi deseo de ayudarlos pediré información al gobierno chino, porque de algún lado tiene que venir. La ingenuidad se desparrama mientras presumen destruir laboratorios clandestinos.
El pueril desplante fue respondido con desprecio. A una vocera de la cancillería china le tocó batear la petición: no hay tales envíos, no tienen conocimiento de incautaciones de fentanilo elaborado por ellos, el problema es de los norteamericanos y ellos deben resolverlo sin culpar a otras naciones. Eso generó a su vez una reacción del Departamento de Estado, insistiendo en la responsabilidad de ese país por producir los precursores necesarios para sintetizarlo, mismos que utilizan los cárteles mexicanos.
La carta resultó una ocurrencia fallida, porque carece de credibilidad una misiva diplomática pensada como texto propagandístico y nadie podía esperar que el gobierno chino se incriminara. Por cierto, quejarse del intervencionismo de tu aliado comercial con su rival geopolítico no es acto de buena vecindad y puede tomarse como un pueril amago, otro más.
La relación más importante de México es con Estados Unidos y, lejos de cuidarla, se está desgastando por el estilo personal de gobernar de quien cree que la soberanía popular y nacional reside en su voluntad y, por lo mismo, la considera incontestable, sin importar que contraríe leyes, constituciones y tratados. Ya consiguió lo que parecía imposible: que republicanos y demócratas coincidieran en algo, así sea en la animadversión a su gobierno.
Si a unos les molesta la alineación con dictaduras del Eje Bolivariano (Cuba, Venezuela y Nicaragua) y la actitud displicente y escasos resultados en el combate al narcotráfico, a los otros les disgusta el socavamiento de la democracia mexicana y de sus instituciones, así como su insistente apoyo a Donald Trump, quien apenas empieza a sufrir las consecuencias penales de sus felonías. Unos y otros reprueban las violaciones al T-MEC.
Por cierto, pocas cosas hacen tan felices a los legisladores radicales del partido republicano como la decisión del mandatario de confrontarlos. Les da relevancia nacional, los fortalece con su base xenófoba y contribuye a llevar la conversación a donde les conviene: la violencia sin control que los amenaza desde México. ¿No lo sabrá López Obrador o es otra forma de ayudar a Trump en las elecciones del próximo año?
Contener la migración ha sido, hasta ahora, la moneda de cambio para sobrellevar la relación bilateral, a pesar de su creciente rispidez, pero el precio ha sido muy alto y lo pagan los más vulnerables. En México se vive una desgarradora crisis humanitaria con los migrantes que quieren llegar a Estados Unidos, la mayoría en busca de refugio. Debemos encontrar una solución, pero eso no será posible mientras predomine la propaganda sobre la diplomacia.
