La importancia del Inai
No le corresponde al Presidente decidir sobre el funcionamiento de un órgano constitucional autónomo y, sin embargo, estamos ante un cínico sabotaje contra el Instituto Nacional de Acceso a la Información por parte del poder político, en detrimento del interés de los ...
No le corresponde al Presidente decidir sobre el funcionamiento de un órgano constitucional autónomo y, sin embargo, estamos ante un cínico sabotaje contra el Instituto Nacional de Acceso a la Información por parte del poder político, en detrimento del interés de los ciudadanos, cuyos derechos están siendo conculcados con escandalosa impunidad. La transparencia y el manejo adecuado de datos personales es obligación del Estado, así como de entes privados que reciben recursos públicos o manejan información delicada de las personas.
Es un despropósito que el Ejecutivo justifique tan grave negligencia premeditada, asegurando que el Inai no sirve para nada. Es como si un contribuyente se quejara de la existencia del SAT, con el agravante de que aquí se trata del servicio público y sus omisiones afectan a los gobernados, quienes, por cierto, son los que deben responder por su utilidad, pues se creó para garantizar derechos. En ese sentido, que cada vez más personas recurran a dicha institución pidiendo su intervención es muestra de su importancia y de la creciente valoración de su labor. De hecho, la inocultable opacidad del régimen que lo descalifica por recordarle su responsabilidad de dar a conocer lo que oculta y ejerce sus facultades para hacer que la cumpla, es el mejor argumento para sostener su imprescindible existencia.
No es cualquier cosa que el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, en nombre del Presidente, haya instruido a los senadores oficialistas, que son mayoría en la llamada Cámara alta, para no sustituir a ninguno de los tres comisionados que ya terminaron su periodo en el organismo, dos de ellos desde hace más de un año, e impedir de esa manera que pueda sesionar, pues la ley establece que se requiere un quórum mínimo de cinco y ya sólo quedan cuatro. Violan con descaro la división de poderes para anular al contrapeso constitucional encargado de vigilar que los sujetos obligados en transparencia y resguardo de datos personales cumplan con la ley en beneficio de la sociedad.
Quizá la preocupación del gobierno federal sea bloquear investigaciones periodísticas que revelen corrupción, ineptitud o privilegios, como muchas que se han publicado desde la creación del actual modelo, pero esa perversa intención también se lleva entre las patas a muchos ciudadanos que acuden al Inai para acceder a información personal que puede ser tan importante para su vida como el expediente médico o la situación de la pensión que le espera.
Para decirlo con claridad, sabotear al Inai atenta contra derechos humanos de la población, establecidos tanto en la Constitución como en tratados internacionales que ha suscrito el Estado mexicano. Ante el infame boicot a su funcionamiento, la SCJN debe permitir al órgano de transparencia sesionar con los cuatro comisionados, pues de otra manera dejaría a los mexicanos en indefensión. Esperemos que, dada la urgencia, la ministra Loretta Ortiz no dilate más su proyecto de dictamen.
En la oscuridad reina la corrupción, máxime con un gobierno que ha convertido las licitaciones en práctica excepcional y predominan las adjudicaciones directas. Lo que no sirve de nada es agitar un pañuelo blanco en las conferencias mañaneras. Si en realidad López Obrador quiere acreditar que está haciendo algo para combatir prácticas corruptas, que empiece por hacer público lo que la ley le obliga y revierta la presente opacidad. Nunca antes la Presidencia de la República había bateado tantas solicitudes de transparencia, negando información.
Por si la falta de compromiso presidencial con la transparencia no fuera suficiente agravio, la imparable militarización del país también ha obstaculizado la publicidad de la información que por ley debe ser pública. En las múltiples obras encargadas a las Fuerzas Armadas, así se trate de un aeropuerto, una carretera, un tren o un hotel, recurren al pretexto de la “seguridad nacional” para reservarla, ya no hablemos de la información respecto a las tareas que les han asignado en seguridad pública, no obstante la inocultable crisis que padecemos en ese rubro.
La marea rosa salvó al INE del embate autoritario, ahora deberá hacerse sentir para salvar al Inai.
