La alianza opositora y sus detractores

No basta la suma de logos para asegurar el triunfo, pues ni siquiera tienen asegurado el voto de sus electores tradicionales.

La emergencia no lo justifica todo, pero ayuda a entender. Hay apremio por recobrar la independencia del Poder Legislativo y eso implica contar con otra mayoría en la Cámara de Diputados. Para lograrlo, la oposición requiere ganar las siguientes elecciones, las cuales se vislumbran inequitativas por la intervención ilegal del Presidente, la manipulación facciosa de instituciones y el uso clientelar de programas sociales.

La alianza resulta necesaria para conseguir el objetivo, pero es insuficiente. No basta la simple suma de logos para asegurar el triunfo. Enfrente tendrán otra coalición, la cual contará con los inagotables recursos del oficialismo, y no se puede obviar que los partidos opositores fueron castigados en las urnas hace apenas dos años. Ni siquiera tienen asegurado el voto de sus electores tradicionales, pues primero deberán explicarles y convencerlos de respaldar una opción unida a sus adversarios históricos.

La política se hace con lo que se tiene y en las condiciones existentes. La idealidad, pensar en lo que nos gustaría en contraste con lo que tenemos, no debe ser el freno que lleve a rechazar lo posible, sino la perspectiva que contribuya a acercarse a ella y a atender fallas y debilidades detectadas por la indispensable autocrítica. Los partidos opositores arrastran su crisis, no se han renovado y se han visto ausentes y perplejos ante el nuevo escenario. El desastre de la actual administración no los redime y limitarse a representar algo menos malo y dañino que lo que hoy tenemos no es una plataforma que entusiasme.

Por eso la diferencia está en si aprovecha o no su principal ventaja comparativa respecto a la alianza construida desde el poder. La unidad opositora para enfrentar las pretensiones hegemonistas del Presidente es demanda ciudadana, lo mismo que reivindicar la pluralidad y los contrapesos institucionales, hacer del Congreso un dique de racionalidad frente a caprichos perniciosos y construir la alternativa mediante un proyecto compartido de nación.

Cientos de organizaciones civiles conformaron Sí por México con tales propósitos. Sin ese esfuerzo ciudadano seguramente la oposición habría ido separada en un momento en el que se juegan avances democráticos y libertades conquistadas por la lucha de generaciones de mexicanos.

Además del llamado a la unidad, pusieron sobre la mesa un programa mínimo de amplio consenso que debiera ser base de la propuesta programática: democracia plena, seguridad, acceso a la justicia, combate a la corrupción, economía inclusiva que combata la pobreza y la desigualdad, educación y salud universales y de calidad, igualdad sustantiva y erradicar la violencia hacia las mujeres; ambiente sano y sustentable.

La irrupción cívica por la alianza opositora debe de tener como correlato de los partidos apertura, altura de miras y generosidad. En lugar de verla como un salvavidas para no cambiar, debieran mirarla como la oportunidad para reinventarse, actuando distinto. Eso tendría que expresarse en la postulación de candidaturas limpias, muchas de ellas ciudadanas. En lugar de empujar por cuotas partidarias, aceptar perfiles de personas honestas y comprometidas con el proyecto, de tal manera que no sean vulnerables en la campaña, ni tampoco en el cargo por presiones del poder que usa la procuración de justicia como herramienta de extorsión a sus adversarios políticos.

Eso contribuiría a dar respuesta a críticas legítimas y contrarrestar la estrategia oficial que quiere presentar a la coalición opositora como un intento de regresar al pasado reciente y recuperar privilegios perdidos. La mejor vacuna frente a ello es mostrar visión de futuro y retomar la expertise de la sociedad civil para plantear soluciones serias a los graves problemas.

Aunque lo niegue, al presidente López Obrador le preocupa la alianza opositora. Baste ver el tiempo que dedica en denostarla, violando la Constitución y las medidas cautelares que le impuso el INE; preludio de la operación electoral de Estado que vendrá. Pero no hay para dónde hacerse. La democratización del país requirió derrotar al PRI en las urnas. Evitar la restauración autoritaria necesita hacer lo propio con Morena.

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