Ingenuidades
En política, como en la guerra, no puedes mover las piezas sin medir tus fuerzas y las de quienes tienes enfrente. No es juego de azar, tampoco concurso de voluntarismo en donde el deseo puede imponerse por encima de las condiciones. Hay, por supuesto, un margen de ...
En política, como en la guerra, no puedes mover las piezas sin medir tus fuerzas y las de quienes tienes enfrente. No es juego de azar, tampoco concurso de voluntarismo en donde el deseo puede imponerse por encima de las condiciones. Hay, por supuesto, un margen de incertidumbre, pero los milagros son escasos y lo correcto es tener los pies en la tierra sin que eso signifique renunciar a la audacia. El punto es que siempre debe haber conciencia sobre las posibilidades reales de conseguir los objetivos trazados, así como de las probables consecuencias de las decisiones que se tomen.
Sostener que en la próxima votación puede triunfar la revocación y adelantar la salida del cargo de Andrés Manuel López Obrador es engañar o engañarse. No hay siquiera manera de que se logre 40% de la participación requerida para que el ejercicio sea vinculante. Lo peor es que quienes piensan promover que se vaya el mandatario anticipadamente, acabarían haciéndole un gran favor al hacer campaña y otorgarle credibilidad a lo que ha sido una farsa de principio a fin y cuyo resultado ya se conoce de antemano.
Como todo en el presente gobierno, el propósito es propagandístico. No fueron ciudadanos que le perdieron la confianza al Presidente quienes solicitaron su realización, sino los que pretenden que permanezca y que son promovidos por el propio gobierno en un descarado fraude a la Constitución. Se quiere fortalecer la figura presidencial desde el poder, desvirtuando el procedimiento de rendición de cuentas. Mientras el país padece un cúmulo de crisis que se agravan, la prioridad en Palacio Nacional es avivar el culto a la personalidad, convirtiendo ilegítimamente el procedimiento en ratificación.
El descontento crece junto con los problemas y el abuso de poder de quien revela datos personales y calumnia periodistas desde su púlpito mañanero como revancha a su labor, lo cual generó un rechazo inusitado y espontáneo de la sociedad, pero eso no significa que se le pueda vencer al régimen en un proceso en el que prevalecerá el acarreo de clientelas, pues no hay interés ciudadano en participar. Y se entiende: incluso si sucediera lo inimaginable y se verificara el triunfo de la opción por la revocación con una afluencia mayor que, en algunas elecciones constitucionales, el relevo sería decidido por el mismo grupo que hoy está en la Presidencia.
No hay racionalidad responsable en llevar al país a la desestabilización política para que todo quede igual o peor. Es preferible hacerle vacío y no caer en la trampa populista de hacer girar al país en torno a la figura de un gobernante que debe irse en un par de años, aunque hagan todo para presentar su liderazgo como imprescindible. La derrota del régimen sería el desaire de la inmensa mayoría al numerito megalómano.
No descarto que algunos de quienes argumentan participar en el proceso, llamando a votar por la salida del Presidente, tengan conciencia de la imposibilidad del triunfo. Lo que pasa es que ven el ejercicio como oportunidad para proyectar su figura opositora, pero genera desconfianza que pongan por delante sus intereses personales por sobre la causa fundamental de detener la restauración autoritaria y el deterioro de la vida pública. Pretender crecer a costa de fortalecer al adversario no es un pensamiento estratégico y rompe con consideraciones éticas elementales.
La exigencia no es que se vaya anticipadamente el Presidente, sino que cumpla con sus compromisos, respete las leyes y entregue pacíficamente el poder cuando acabe su periodo, ni un minuto más. El gobernante debe ser evaluado conforme a resultados y tendrá que hacerse cargo de sus decisiones y omisiones como cualquier otro servidor público. Frente a exabruptos piromaniacos que echan leña a la hoguera de la polarización, al menos que quepa la responsabilidad, prudencia e inteligencia en quienes aspiran a ser la alternativa.
Somos testigos del abuso de poder impune y eso provoca genuina indignación. Por supuesto que es legítimo y necesario expresarla, pero lo más importante es que se traduzca en organización y propuesta. La verdadera disputa por el rumbo de la nación será en las elecciones del 2024. Para eso hay que preparase.
