El último tercio
Si no les alcanza la reforma constitucional, tratarán de dar el golpe con leyes secundarias.
No hay nada que esperar de este sexenio, salvo la cruenta lucha por mantener el poder. Desde el gobierno federal nunca han dejado de estar en campaña, subordinando todo a la propaganda y construyendo clientelas con programas sociales, apoyos y hasta ayudas para damnificados. Han puesto instituciones y medios públicos al servicio de su proyecto político partidista que no es otro que establecer la hegemonía estructural del grupo gobernante, algo similar a lo que prevaleció en México la mayor parte del siglo pasado. Para ello, necesitan imperiosamente ganar la elección presidencial, a lo que están abocados, pero hoy sus condiciones son muy diferentes a las que tenían cuando llegaron.
Los cables hackeados al Ejército revelaron episodios críticos en la salud del Presidente, así como de sus padecimientos crónicos. Eso seguramente estuvo en el centro de las consideraciones que lo llevaron a adelantar la sucesión, presentando una baraja de tapados que llamó corcholatas y haciendo patente cuál era su favorita, además de escribir un testamento político y empoderar como nadie a los militares, seguramente con la intención de que, en dado caso, sirvieran como guardianes de su voluntad.
Por fortuna, las perspectivas son que el mandatario concluirá su periodo, pero la lucha prematura por el destape ha tenido consecuencias; una de ellas es el deterioro del clima político por las ventajas indebidas de los suspirantes del partido oficial con sus campañas anticipadas. No es el único agravio. La polarización como estrategia propagandística, difamando disidentes, y el uso del espionaje y la justicia para acosar, intimidar y doblar opositores con el objetivo de reventar la alianza que puede derrotar al oficialismo en 2024 con todo y elección de Estado, son otros. Pero el mayor de todos es el burdo ataque contra el INE.
El electorado mexicano tiende crecientemente a castigar a quienes detentan el poder, lo cual se verifica con las alternancias que se han vuelto casi la regla. Los magros resultados y la agudización de los graves problemas no se revierten con pura demagogia y anatemas ideológicos contra los adversarios. El daño en los bolsillos, el miedo con el que viven grandes capas de la población y el desengaño de las clases medias se expresará forzosamente en las urnas. Si alguien lo sabe, porque como opositor se benefició del voto de castigo, es precisamente López Obrador y, por lo mismo, no se confía ni de la enorme estructura clientelar que ha montado desde su gobierno y los de su partido.
Para contrarrestar el impacto electoral de la creciente molestia ciudadana, el régimen apuesta a generar la percepción de que el triunfo del candidato o candidata oficial es inevitable y la elección será un trámite. De ahí que el secretario de Gobernación esté tan empeñado en dividir a la oposición. Pero de cualquier manera, buscan hacerse del órgano que organiza las elecciones o, en su defecto, disminuirlo para incidir desde el poder en tareas claves del árbitro electoral. Si no les alcanza la reforma constitucional, tratarán de dar el golpe con leyes secundarias. Aunque violen la Carta Magna, cuatro ministros de la bancada del Ejecutivo en la SCJN podrían sostenerlas, pues se necesitan ocho votos para declararlas inconstitucionales.
Dice mucho que, por primera vez, se planteen los cambios electorales desde el poder y sin participación de la oposición. Por un lado, incumplen las leyes que les estorban y, por el otro, impulsan una legislación a modo. Las garantías de equidad e imparcialidad que se construyeron en las últimas tres décadas están bajo asedio y serán mermadas. No quieren que la continuidad del proyecto esté a merced de la incertidumbre democrática y eso anticipa una conflictiva elección presidencial que será vigilada por las Fuerzas Armadas que están necios en partidizar.
Los avances de la transición no fueron graciosas concesiones, sino conquistas de la sociedad. Por eso, hacen bien los ciudadanos en organizarse para incidir en la sucesión y rescatar la alianza opositora, hoy en serio peligro de naufragio. Seis esfuerzos civiles se agrupan en UNIDOS con ese propósito. Por ahí corre la esperanza contra el autoritarismo restaurado.
