El triunfo opositor

No es menor que los opositores se hayan comprometido a no acceder a la pretensión presidencial de dar cobertura legal al manejo caprichoso y discrecional que ha hecho del presupuesto.

Hay batallas legislativas memorables y la oposición acaba de dar una de ellas, no sólo por lo que, de momento, impidió, sino por el mensaje que envía en un momento crítico para el país.

La voluntad presidencial se topó con un límite donde daba por sentado que tenía el control, lo cual fue posible no sólo por la verticalidad de quienes resistieron presiones, sino, también, por los ciudadanos que participaron desde la trinchera de su celular, fortaleciendo a los disidentes frente a la prepotencia de la mayoría gregaria.

No está de más recordar que la coalición gobernante está sobrerrepresentada en el Congreso por arriba del límite constitucional del 8 por ciento. Los diputados de la coalición Juntos haremos historia obtuvieron 43% de los votos, 10% menos que su candidato a la presidencia, y en particular Morena el 38 por ciento.

Sin embargo, con el fraude a la ley de inscribir candidatos con las siglas de partidos aliados para obtener más legisladores de representación proporcional —Mario Delgado fue electo como propuesta del PES—, así como por la cooptación del otrora peñista PVEM y de los llamados “impresentables”, quienes se escindieron del PRD, el partido del Presidente se hizo de más de la mitad de los diputados y, con sus satélites, tiene, en la práctica, asegurada la mayoría calificada de 2/3. En el Senado el oficialismo también tiene mayoría holgada, pero le faltan sólo siete votos de los 128 para estar en la misma situación que su colegisladora.

Por eso es que el Poder Legislativo no ha sido el contrapeso de otras legislaturas, la oposición ha pasado a jugar un papel testimonial y resultó sorprendente que pudieran evitar la pretensión de convocar a un periodo extraordinario, donde se aprobaría la iniciativa enviada por el presidente Andrés Manuel López Obrador para otorgarle al Ejecutivo facultades que hoy son exclusivas de la Cámara de Diputados en el manejo del presupuesto en caso de “emergencia económica”, violentando el artículo 49 constitucional que impide que dos o más poderes se concentren en una persona.

De los 37 legisladores que integran la Comisión Permanente, 24 son de la coalición gobernante, de tal suerte que bastaría con que uno solo de los 13 vote con la mayoría o se ausente de la sesión para que se pueda convocar al periodo extraordinario, pues requiere de 2/3 de la votación. El poder tiene formas para presionar, con la zanahoria y el garrote, para hacerse de los votos que le faltan. No es menor, por tanto, que todos los opositores se hayan comprometido públicamente a no acceder a la pretensión presidencial de darle cobertura legal al manejo caprichoso y discrecional que ha hecho del presupuesto desde mucho antes de la emergencia.

Es verdad que el tropezón de la mayoría morenista no evitará que AMLO lleve a cabo la draconiana reorientación del presupuesto que planteó, en singular decreto, con lenguaje de panfleto político, donde se establece lo mismo la renuncia “voluntaria” del 25 por ciento del salario y del aguinaldo por parte de funcionarios públicos que la creación mágica de dos millones de empleos y el blindaje a sus obras prioritarias, entre ellas la absurda refinería de Dos Bocas, así como de los programas sociales clientelares y los créditos de 25 mil pesos para empresarios que también repartirán mediante los facciosos “servidores de la nación”.

Pero las victorias simbólicas cuentan, sobre todo cuando implican círculos virtuosos que pueden repetirse. La unidad opositora, junto con la participación de la sociedad que estuvo encima de los legisladores, nos deja una lección para el futuro, una fórmula que, si se le dota de un programa mínimo que sea capaz de sumar a muchos más, puede convertirse en alternativa a la restauración autoritaria en curso.

El régimen lo tiene claro, por ello es que, en desesperado acto de torpe acrobacia, quisieron convertir la derrota en fatalidad de la pandemia, usando al alcahuete médico de la 4T, Hugo López-Gatell, para darle coartada a Mario Delgado, quien sabiendo que los números no le daban, anunció posposición por estar en Fase 3. Sin embargo, el propio diputado morenista se desmintió a sí mismo al advertir a la oposición que “luego no anden de chillones”. Snif, snif…

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