El plan de paz
Era de esperarse, las propuestas diplomáticas deben procesarse en secrecía para que tengan perspectiva de éxito. No sólo sorprendieron al país invadido...
Hubo ingenuidad, pero no tanta como para pensar que resolvería el conflicto bélico provocado por la invasión rusa a Ucrania. No es, ni nunca ha sido, el mundo parte de sus preocupaciones; por eso manda al canciller en su representación a cualquier foro o cumbre de relevancia y es dado al discurso nativista. Lo único que realmente le interesa al Presidente es la política interna y todo lo subordina a ella. El mensaje es para los mexicanos, no para la ONU, aunque Marcelo Ebrard lo vaya a presentar ahí para cubrir el expediente. Es, como en tantas otras cosas, un acto de propaganda.
La situación económica es preocupante, la inflación está descontrolada y tiene que repartir culpas para exonerarse de la responsabilidad. Señalar a gobiernos anteriores ya está desgastado, así que qué mejor que cargarle la factura a la guerra. Lo de menos es que la propuesta de paz sea ignorada por los protagonistas, lo importante es dejar en claro dónde está el problema y que algo se hizo para tratar remediarlo. Si no se consigue el objetivo será por los intereses inconfesables de la industria militar, la ineficacia de los organismos multilaterales o la mezquindad de los protagonistas, aunque la iniciativa haya nacido muerta.
Sin embargo, en este mundo global las noticias corren rápido más allá de las fronteras y quizá alguien lo tome en serio y responda. Eso fue lo que sucedió con un consejero y negociador del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien resaltó lo obvio: en el plan de paz que presentó el presidente López Obrador en el desfile militar del 16 de septiembre no se contempla la retirada del ejército invasor y, por tanto, el simple alto al fuego beneficia a Rusia, máxime cuando éste ha ido perdiendo territorio ocupado a últimas fechas. La Embajada de Ucrania en México replicó la misma respuesta para que no quedara duda del rechazo a la ocurrencia.
Era de esperarse, las propuestas diplomáticas deben procesarse en secrecía para que tengan perspectiva de éxito. No sólo sorprendieron al país invadido, también a los convocados para formar la comisión de paz. No fueron consultados el primer ministro de la India, Narendra Modi, ni el papa Francisco, ni el presidente de la ONU, António Guterres, quienes además tendrían que saber si los involucrados los aceptan como mediadores. Nada de eso. Puros buenos deseos del mandatario mexicano, como los que manifestó en el Consejo de Seguridad, pidiendo que los magnates aportaran el 4% de su fortuna para atender el hambre mundial. Era el foro equivocado. Para el organismo fue anécdota jocosa, para López Obrador propaganda de consumo interno.
Es indiscutible la importancia de solucionar el conflicto en Europa del Este y son innegables los daños en diversos órdenes que la guerra está causando, por no mencionar el riesgo nuclear latente. Precisamente por eso no debiera abordarse con frivolidad. Al Presidente le puede importar poco todo lo que no le cueste a su popularidad entre los mexicanos, pero se equivoca al minimizar las consecuencias que puede padecer el país si se considera que su conducción está en manos poco confiables. La credibilidad internacional genera inversiones; su falta las ahuyenta.
Es imposible que pase inadvertida la enorme contradicción. Presenta plan de paz para un lugar remoto, teniendo la guerra dentro. En este sexenio habrá récord de homicidios dolosos, desaparecidos y periodistas asesinados, al igual que de activistas y defensores de derechos humanos. La pacificación del país es promesa incumplida y la creciente militarización también la desmiente. Llama a las potencias a dialogar, pero el Presidente es incapaz de sentarse a platicar con los partidos de oposición. Candil de la calle y oscuridad en su casa.
De la misma manera que los cambios históricos no se decretan, tampoco los estadistas, aunque los regímenes autoritarios suelan exaltar como tal al líder que los conduce. No faltarán lambiscones que hagan méritos proponiendo para el Nobel de la Paz al promotor del plan, nomás por sus buenas intenciones. Pero, mientras eso sucede, Rusia seguirá cometiendo crímenes de guerra en Ucrania. ¿No dice el Presidente que la paz es fruto de la justicia? Al parecer, se le olvidó.
