El odio chiquito

En memoria de Alejandro Martí. Cuando falla la perspectiva, se trastocan las prioridades. La elección presidencial marcará el derrotero del país en una bifurcación de difícil retorno y, sin embargo, algunos hacen de viejas fobias y ajuste de cuentas pendientes un ...

En memoria de Alejandro Martí.

Cuando falla la perspectiva, se trastocan las prioridades. La elección presidencial marcará el derrotero del país en una bifurcación de difícil retorno y, sin embargo, algunos hacen de viejas fobias y ajuste de cuentas pendientes un asunto de principios. Prefieren ver el barco naufragar antes que aceptar que, para mantenerlo a flote y darle un rumbo promisorio, es necesario sumar a partidos, organizaciones y personas que les incomodan, suponiendo con desmesurado optimismo que habrá otra oportunidad en el futuro cercano para derrotar al populismo destructor y autoritario, pero a su manera.

Es un razonamiento que beneficia la continuidad, se desentiende de las consecuencias y busca el aplauso del respetable al alardear congruencia por reprobar con pruritos morales a la oposición que se ha unido en el Frente Amplio por México para enfrentar al oficialismo que ilegalmente se beneficia del uso faccioso de los recursos y las instituciones del Estado.

A eso ha recurrido Movimiento Ciudadano para resistir la presión social que lo impele a unirse y sostener su indefinición. También ciertos analistas que respaldaron a López Obrador en 2018 y cuyo desengaño no los ha llevado a desear el triunfo opositor, quizá porque piensan que la corcholata afortunada podría enmendar el camino, creencia muy socorrida con los tapados en el siglo pasado.

Sin embargo, es tal la devoción y zalamería que le dispensan los suspirantes al dueño del dedo destapador que sonaría poco creíble hablar de una eventual rectificación con cualquiera de ellos en la Presidencia, máxime cuando se rehúsan a hacer la más leve autocrítica en voz alta. Por ello, resulta más fácil descalificar moralmente a quienes se alinean para enfrentar al oficialismo con posibilidades de derrotarlo.

Hay batallas que no pueden rehuirse y tiene que darse en las condiciones existentes, que rara vez se parecen a las ideales. Se vislumbra una elección de Estado, operada por un gobernante a quien no le interesa siquiera disimular que respetará los límites legales de su cargo, aprovechando que el Consejo General del INE se descafeinó con su nueva composición.

Es verdad que, gracias a que se frustraron los planes A y B, podemos tener confianza en que las elecciones del 2024 serán organizadas con profesionalismo y se contarán bien los votos, debido a la permanencia del Servicio Profesional Electoral, pero, si se mantienen los mismos enemigos de la democracia en el poder, no hay ninguna garantía de que eso persista seis años después.

Ya vimos cómo hicieron fraude a la ley, capturando al Comité Evaluador, para procurar un sorteo con quintetas sesgadas en la renovación de cuatro consejeros del INE, eludiendo así la mayoría calificada. Apoderarse de la SCJN con los cinco ministros que se renuevan en el próximo sexenio sería todavía más fácil, pues no se necesita siquiera contar con mayoría simple. Si el Senado rechaza dos veces la terna enviada, el Presidente nombra directamente al ministro. Es decir, si el titular del Ejecutivo insiste en mandar tres perfiles intransitables, acaba imponiendo a quien se le dé la gana. Por eso no basta con cambiar la correlación de fuerzas en el Congreso, salvar la democracia requiere derrotarlos en la próxima elección presidencial.

Es sintomático que los críticos de la alianza opositora con alegatos puristas aseguren que les parece inadmisible que regresen al Congreso viejos personajes del “PRIAN”, cuando nunca habíamos visto el grado de degradación parlamentaria con las actuales mayorías legislativas. ¿De verdad prefieren que sigan dominando quienes aprueban leyes sin leerlas, han convertido la máxima tribuna en un surtidor de lodo, acaban de solicitar juicio político contra los ministros independientes de la Corte y amagan con desaforar a Xóchitl Gálvez?

No niego que haya objeciones legítimas contra partidos y políticos de oposición, pero es un grave desatino ponerlas por delante de la gran disputa que se avecina; es no tener conciencia de lo que está en juego. Es correcto demandar candidatos probos, el error es servir a la desastrosa continuidad, priorizando el odio chiquito sobre el futuro del país y la preservación de la democracia y las libertades amenazadas.

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