Cosas que ocurren

Levantaron a 66 personas en tan sólo unas horas de la madrugada, sacándolas de sus casas, y el responsable constitucional de velar por la seguridad de los habitantes del estado minimiza lo ocurrido.

La constatación es escalofriante. Se ha hablado mucho de la normalización de la violencia criminal, pero, en voz de un gobernante, suena a rendición. Con fatalismo y encogiéndose de hombros, el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, respondió a reporteros sobre el secuestro de familias enteras con una frase que invita a resignarse: “Son cosas que, lamentablemente, ocurren”.

Levantaron a 66 personas en tan sólo unas horas de la madrugada, sacándolas de sus casas, y el responsable constitucional de velar por la seguridad de los habitantes del estado minimiza lo ocurrido, hablando del hecho como si se tratara de un accidente de cocina.

Las autoridades no rescataron a nadie; fueron los captores quienes decidieron liberar a casi todos los retenidos. Fue una demostración de fuerza, coordinación y capacidad logística del grupo criminal; mensaje de cara a las elecciones en marcha. Recordemos que, en dicha entidad, el día de las elecciones de 2021 fueron secuestrados cientos de operadores y representantes del contrincante de Rocha Moya, los cuales fueron soltados tan pronto como se conocieron los resultados. Así que el mandatario sinaloense tiene razón: son cosas que suceden.

Lo ocurrido dice más respecto a cómo está la seguridad del país que las cifras maquilladas por la temporada electoral. Hagamos, por el momento, a un lado la discusión sobre el crecimiento de muertes por causa indeterminada o la desaparición de desaparecidos y ponderemos el empoderamiento del crimen organizado por otras actividades que realizan de manera conocida y ostensible.

La tortura de choferes del transporte público en Guerrero y en Chiapas, que son grabadas y subidas a redes sociales por los mismos delincuentes para amedrentar al gremio y que todos paguen la cuota. El cobro de derecho de piso a comercios pequeños, medianos y grandes, lo mismo que la extorsión para cosechar y sembrar o el control criminal de la venta de pollo, cerveza y refresco. Por si eso fuera poco, el asesinato de políticos, aspirantes y candidatos durante las campañas. Todas esas cosas pasan.

Dicho derrotismo oficial frente a calamidades también aplica en otras áreas. Que los niños no tengan vacunas, que a los recién nacidos no les apliquen el tamiz neonatal, que los pacientes con cáncer no tengan quimios, que no haya medicamentos en el sistema público, que los hospitales se caigan a pedazos, que los derechohabientes del IMSS y del ISSTE prefieran atenderse en los consultorios de las farmacias privadas. Y se pone peor si nos acordamos de la irresponsable gestión del covid que subestimó al virus, se abandonó a empresas y empleados a su suerte, se resistieron a promover el uso del cubrebocas y en la capital se experimentó con enfermos dándoles Ivermectina, que resultó contraindicada. El desastre del sistema de salud y los 800 mil muertos en la pandemia son cosas que igualmente ocurren.

Y nos podemos seguir: el colapso de la Línea 12, con 26 muertos y ningún detenido; el director del INM, que sigue en el cargo a pesar del incendio de un centro de migración en Ciudad Juárez donde murieron 40 migrantes a los que no les quisieron abrir la puerta; la edil de Chilpancingo, que anda como si nada después de ser pillada departiendo con un líder criminal que azota su municipio; la confesión presidencial de haber persuadido, en un desayuno, al fiscal de la República y al entonces presidente de la Corte de encarcelar al exprocurador Jesús Murillo Karam; el gasto triplicado en la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya; la demanda de quien recibió los sobres amarillos al periodista que lo publicó; el titular de Segalmex rescatado en la Segob después del desfalco más grande que se haya documentado. Cosas que acontecen… ¡y lo que falta por decir!

La oferta de cambio en la elección es potente no sólo por la restauración autoritaria, también porque lo inadmisible se ha vuelto parte del paisaje. Para que dejen de ocurrir tales cosas ominosas que nos hemos acostumbrado a ver, tenemos el voto para castigar a los malos gobiernos y modificar esta realidad que no debemos asumir como destino. Eso va a pesar en la elección a favor de Xóchitl Gálvez. La continuidad es una losa en la espalda de Claudia Sheinbaum. Se verá.

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