Uno más uno son más que dos. ¡y a seguir sumando!

No existe una única vía, y es importante reconocer y valorar esta diversidad de enfoques. Buscamos la riqueza, entendida como la suma de talentos que alcanza objetivos y metas, y que genera un ambiente fértil para todos los involucrados.

Es común encontrarnos inmersos en narrativas que fomentan la división, ya sea en nuestras interacciones personales, en redes sociales o al sintonizar las noticias. Parecería una competencia donde los participantes corren por carriles separados en busca de la victoria, actuando como equipos rivales, contrarios, antagónicos. Esta mentalidad permea nuestras conversaciones, donde a menudo nos referimos a grupos y/o individuos etiquetándolos por su orientación política, ideológica o cualquier otra diferencia.

Paradójicamente, mientras aumentan estos separatismos, el tema de la inclusión cobra cada vez más relevancia. Sin embargo, a veces da la impresión de que subestimamos o tergiversamos el concepto de inclusión, también al hablar de él, perpetuando divisiones. Esto demuestra una contradicción inherente en nuestra manera de pensar y actuar, influenciada inevitablemente por el entorno. ¿Queremos realmente incluir o buscamos sesudas argumentaciones que justifiquen las fragmentaciones?

Por ello, propongo lo siguiente: en lugar de dividir o restar, ¿por qué no sumamos? Al hacerlo, sin duda, llegaremos mucho más lejos. ¿Y si adoptamos una mentalidad de sinergia del talento? ¿Y si nos esforzamos por encontrar los puentes que nos unen y no por colocar el acento en las diferencias?

La sinergia se alcanza cuando las habilidades y capacidades de individuos diversos —hombres, mujeres, jóvenes, adultos, tanto en el ámbito privado como público— convergen y se complementan hacia un objetivo común. De esta manera, el trabajo se enriquece al fomentar la participación y aprovechar las contribuciones y puntos de vista, lo que a su vez promueve la responsabilidad. Se ha observado que las empresas que cultivan una cultura sólida, basada en valores y con una visión de sostenibilidad, son aquellas que logran comprometer a sus colaboradores. Pero esta idea no se limita únicamente al ámbito empresarial; deseo extenderla a las familias, a la educación, a las relaciones sociales y profesionales, hasta a las charlas informales. No tengo duda de que la suma siempre es mayor que la resta. Incluso que, como decía Benedetti, en esta suma uno más uno es mucho más que dos.

Sumar implica tener la capacidad de escuchar, lo que permite el verdadero diálogo. Como señaló el filósofo contemporáneo Carlos Llano, el diálogo es el encuentro de dos perspectivas en una misma verdad, alejado de la confrontación y la búsqueda de imponerse sobre el otro. Mientras que en una discusión uno gana y otro pierde, en un verdadero diálogo ambas partes se pueden enriquecer al comprender las diferentes visiones. Para el filósofo Gadamer, el diálogo es una fusión de horizontes: si nos elevamos, el horizonte se expande, al igual que nuestra perspectiva del mundo. Una vez más, la suma prevalece sobre la resta.

En el diálogo, el respeto juega un papel crucial. Su etimología, respectus, implica una mirada atenta y considerada hacia los demás. Respetar es comprender y valorar las diferencias, reconociendo el valor infinito que posee cada persona.

Esta mirada busca el encuentro, la sinergia, porque sabe que la combinación de talentos puede convertir un trozo de carbón en un diamante. Reconocemos que las diversas perspectivas aportan diferentes caminos. No existe una única vía, y es importante reconocer y valorar esta diversidad de enfoques. Buscamos la riqueza, entendida como la suma de talentos que alcanza objetivos y metas, y que genera un ambiente fértil para todos los involucrados.

Entonces, ¿por qué no empezamos a sumar en nuestra forma diaria de comunicarnos? ¿Por qué no nos comprometemos a desarrollar hábitos de escucha activa? Les garantizo que esto, no sólo enriquecerá sus vidas personales, sino también contribuirá al mundo que nos rodea: en nuestras familias, lugares de trabajo, círculos sociales y amistades. Adoptemos una mirada amable que contagie, y logremos mitigar la narrativa de división que tanto daño nos ha causado.

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