Trascender, más allá de sobrevivir
El pretexto es la iniciativa de dotarlos de responsabilidades empresariales para facilitar su reinserción social y evitar la reincidencia criminal, pero lo que en realidad motiva es la ilusión de devolver a cada uno, una dignidad que se creía perdida. Esa es la trascendencia de las segundas oportunidades
Empiezo con una historia que ilustra y encauza el mensaje que hoy deseo transmitirles: el afán de transformar vidas, de hacer que nuestra vida trascienda. “Cuidémonos entre todos y pongámonos en el lugar del otro”, es el lema de unos tapabocas “incluyentes”. Mila Chemin es una marca de ropa argentina que, por el coronavirus, quiso producir cubrebocas y lograron hacerlo con un diferencial: al percatarse de que el empleo del cubrebocas sería obligatorio, la fundadora de la marca pensó en la dificultad que tendría un familiar suyo que padece hipoacusia o pérdida de la capacidad auditiva. Como el modelo de mascarilla no permite la lectura labial, lo transformaron proponiendo una alternativa: un tapabocas con transparencia plástica que facilitara el ver los gestos de las personas cuando hablan para comunicarse, dando así solución a graves problemas de vida que afectan diariamente a muchísimas personas.
El gesto por el bienestar de un ser querido logró mejorar potencialmente la vida de los 360 millones de quienes padecen hipoacusia ¡5.3% de la población mundial! Recordemos su lema: “Cuidémonos entre todos y pongámonos en el lugar del otro”. No fue sólo una frase vacía o emocionalmente oportuna en la pandemia, sino que también la empresa supo hacerla vida y esto se tradujo en incluir, con la mirada y la acción, a los que tantas veces quedan fuera. Con una búsqueda superficial en Google es facilísimo hallar cientos, miles de historias afines, grandes ejemplos de cómo la sana y auténtica preocupación por el otro, puede construir caminos eficaces y redituables de ayuda.
Pero aún podemos ir más allá, sobrevivir está bien, pero hallar un sentido al vivir mientras sobrevivimos, no sólo está, sino que es mejor. Viktor Frankl, es testimonio de esta búsqueda y de este hallazgo: sólo se salva realmente lo que se ama; sólo vivimos plenamente cuando abrimos horizontes de sentido para nosotros y para los demás. Esta certeza de poseer un sentido vital nos permitirá responder cabalmente a nuestro porqué existencial. Ya no es sólo el por qué sobrevive lo que sobrevive, sino hay que reformular: ¿para qué vive lo que sobrevive? Para trascender.
Un programa que busca claramente la trascendencia es el Programa de Emprendimiento en Prisión (Prision Entrepreneurship Program), enfocado a reinsertar socialmente a presos texanos, a punto de cumplir su condena. Se convoca a presos de las cárceles para participar en un proyecto académico donde se les capacita para formular y ejecutar un emprendimiento empresarial cuando salgan de prisión. Quienes lo finalizan, se gradúan con un diploma de validez oficial. Quienes imparten y dirigen el programa son voluntarios y profesionales de universidades reconocidas y del mundo de los negocios que buscan, en gran medida, enfocar la creatividad hacia formas de pensamiento y acción provechosas para ellos mismos, sus familias y comunidades. Si en lo individual este programa genera re-nacimientos, en lo social posee un impacto de enorme trascendencia.
Este no es sólo un proyecto para dar empleo a exconvictos y solucionar un “problema” social realmente grave, sino que además en la raíz de este programa se vislumbra la inquietud por cambiar vidas, encauzarlas hacia lo que debieran ser: vidas plenamente exitosas. El programa nos recuerda que no puede haber verdadera transformación si la persona no está en el centro y que es ella la que en realidad importa. Cada persona. Siempre. El pretexto es la iniciativa de dotarlos de responsabilidades empresariales para facilitar su reinserción social y evitar la reincidencia criminal, pero lo que en realidad motiva es la ilusión de devolver a cada uno, una dignidad que se creía perdida. Esa es la trascendencia de las segundas oportunidades. Y en esta segunda oportunidad, el propósito es clave para formar el carácter de estos hombres y mujeres —ellos mismos fruto de una sociedad muy lastimada—.
Si establecemos conexiones significativas, si cambiamos la forma de vernos, si modificamos para bien la cultura de las relaciones sociales, podremos salir de cualquier crisis “buscando el bien común”, como indica el papa Francisco. Si lo conseguimos, transformamos el mundo. Porque éxito es cuando encontramos sentido a quienes somos y a lo que hacemos cuando somos, y en esto no sólo vivimos, sino que trascendemos.
