La generación de oro
En el ámbito laboral, las empresas que apuestan por la integración de los mayores reconocen que un equipo de trabajo que incluye personas mayores no es necesariamente menos productivo o valioso.
El siglo XXI ha estado marcado por diferentes conflictos bélicos, violencia y crisis. En 2017, el papa Francisco describió esta época como una “tercera guerra mundial a trocitos”. Dentro de estos terribles suministros podemos incluir otra batalla silenciosa que Francisco también ha identificado como la cultura del descarte. Se refiere a una visión que únicamente valora lo que genera beneficio económico, donde se mide la utilidad en términos de producción y que margina, incluso excluye, a una amplia franja de la población mundial: los adultos mayores, aquellos que superan los 60 años.
Nos encontramos ante una realidad sin precedentes. Por primera vez en la historia conviven cinco generaciones distintas. La esperanza de vida llega a un promedio de 80 años, lo que hace que nuestras sociedades se vuelvan más heterogéneas y más frecuente la interacción entre personas de un amplio espectro etario.
Este cambio demográfico realza el valor de los mayores, un fenómeno positivo apoyado por investigaciones que sugieren que las relaciones intergeneracionales suelen ser provechosas para la salud, el bienestar, el aprendizaje y la productividad.
A medida que la población mundial crece y vive más tiempo, surgen desafíos inevitables. Sin embargo, junto a estos retos también emergen oportunidades que emplazan la cultura del descarte, como lo demuestra el concepto de “economía plateada”. Esta noción abarca el momento en el que las personas mayores de 60 años participan activamente en el mercado laboral, fundan compañías innovadoras, son consumidores activos y llevan vidas productivas.
Este prolongamiento de la vida laboral y la promoción del espíritu emprendedor en las personas mayores permiten aprovechar su conocimiento técnico y también la sabiduría que sólo proporcionan los años y una vida plena. La Coalición Global por el Envejecimiento y la OCDE han señalado que alcanzar una economía plateada ofrece oportunidades en numerosas industrias, muchas de ellas aún sin explotar. El sector privado ya está creando empleos para todas las edades y oportunidades de aprendizaje continuo, lo que se conoce como lifelong learning; uno de los frutos de la innovación educativa contemporánea.
La sociología también ha mostrado que las relaciones intergeneracionales son vistas por los millennials y centennials como un valor esencial. Establecer lazos sociales con los mayores resulta beneficioso para los jóvenes, especialmente para los adolescentes, quienes obtienen ventajas en bienestar mental, tasas más altas de graduación de la escuela secundaria y, en general, reportan efectos positivos en la vida a largo plazo.
En el ámbito laboral, las empresas que apuestan por la integración de los mayores reconocen que un equipo de trabajo que incluye personas mayores no es necesariamente menos productivo o valioso. Ejemplos citados en el Foro Económico Mundial incluyen a BMW y a CVS, que adaptaron sus entornos laborales para aprovechar mejor las habilidades de su personal de mayor edad, mejorando así la eficiencia y las relaciones con los clientes. Muchos lugares de trabajo se han diversificado en términos de edad, y estas relaciones suelen ser positivas para las economías, tanto que algunas investigaciones sugieren que las fuerzas laborales con diversidad de edades son más innovadoras y eficientes.
Más allá de considerar a los mayores como un activo económico, enfoco la atención en su riqueza invaluable e inconmensurable. Su mera presencia proporciona una cultura identitaria, arraiga la historia de quienes los rodean y ofrece un sentido de pertenencia a las familias, enriqueciendo la vida de jóvenes y no tan jóvenes. Nombrar a este fenómeno como economía plateada me parece que se entiende, pero se queda corto. Yo lo llamaría la generación de oro.
