Jóvenes en movimiento: la esperanza que cambia al mundo
Como lo expresó el Papa en la Bula de convocación del Jubileo Ordinario de 2025: “La esperanza no defrauda”. Y es que, como decía Agustín de Hipona: “La esperanza tiene dos preciosas hijas: la indignación y el coraje; la indignación para que las cosas no sigan como están, y el coraje para cambiarlas”.
Hace unos días, el papa Francisco se conectó virtualmente al Madrid Live Meeting 2024, un evento que reunió a cientos de jóvenes con el propósito de fomentar la reflexión y el compromiso con el futuro. Durante esta conexión, los asistentes recibieron un mensaje potente, cargado de esperanza y valentía. Previo a la intervención del Papa, participaron en una serie de talleres que abarcaron temas tan variados como la renovación de la fe, la vivencia del noviazgo, la afectividad entre adolescentes, el liderazgo juvenil al estilo de Jesús y la educación sexual. Estos espacios ofrecieron la oportunidad de profundizar en cuestiones fundamentales para su desarrollo y crecimiento personal.
A menudo, percibimos a los jóvenes como apáticos, pero su respuesta a esta invitación a reflexionar demostró lo contrario. Se mostraron entusiastas y dispuestos a abordar los temas que los inquietan, aquellos que tocan sus anhelos, ilusiones y deseos de bien. Sus preguntas y búsquedas, impregnadas de esperanza, reflejan la esencia de esta etapa de la vida: un periodo de descubrimiento y transformación.
A pesar de la confusión que los rodea, las corrientes de pensamiento deshumanizadas, un mundo marcado por conflictos y múltiples desafíos, el encuentro dejó ver que la juventud anhela ser escuchada. También, recordarles su capacidad de soñar. Como lo expresó el Papa en la Bula de convocación del Jubileo Ordinario de 2025: “La esperanza no defrauda”. Y es que, como decía Agustín de Hipona: “La esperanza tiene dos preciosas hijas: la indignación y el coraje; la indignación para que las cosas no sigan como están, y el coraje para cambiarlas”.
El papa Francisco, consciente de la incertidumbre que a menudo acompaña a la juventud, les recordó que “en el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana”. La juventud transita entre la certeza y la duda, entre la serenidad y el desaliento. Ante ello, el Papa lanzó un llamado audaz para el próximo Jubileo: reavivar la esperanza y vivir en movimiento, con valentía. Sus palabras resonaron con fuerza: “un joven que se queda quieto, es un viejo muerto”, y alentó a la creatividad con la afirmación: “un joven que no es creativo, es un muerto en vida”.
La juventud, cargada de energía y vitalidad, tiene la responsabilidad de “armar lío”, de hacer ruido, pero un ruido que construya, que fomente el diálogo y que aspire a un entendimiento profundo. Quienes trabajamos con jóvenes sabemos que ellos son el presente y el futuro, y que tenemos la responsabilidad de incentivarlos a superar la apatía que a menudo impone el pesimismo moderno.
El llamado al “barullo” y a la creatividad es, en esencia, una invitación a crear puentes entre generaciones y a redescubrir el valor de las relaciones intergeneracionales. San Juan Pablo II lo expresó claramente: “El futuro depende, en gran parte, de cómo sepamos aprovechar las energías de la juventud”. Estas energías necesitan ser canalizadas hacia el bien, el descubrimiento de sus talentos y el cultivo de una espiritualidad que les permita encontrar respuestas profundas a las preguntas de su corazón.
Al concluir su mensaje, el papa Francisco ofreció dos consejos esenciales: no perder la alegría y no perder el buen humor. Este mensaje, que a primera vista puede parecer sencillo, encierra una enseñanza profunda. Conservar la alegría y el buen humor es un desafío cotidiano, especialmente en un mundo donde la prisa y la inmediatez amenazan con robar la paz interior. Mantener la alegría implica cultivar tres disposiciones fundamentales del alma: creer, esperar y amar. Estas virtudes exigen paciencia, una paciencia que se convierte en compañera inseparable de la esperanza y en un verdadero estilo de vida.
La juventud, en su empeño por ser creativa y generar cambios, enfrentará obstáculos, pero para no convertirse en “muertos en vida” deben aprender a perseverar y a continuar su camino con alegría. La vida los espera, los espera de pie, con una sonrisa y con el reto de contagiar buen humor a quienes les rodean. El papa Francisco, con su mensaje lleno de esperanza, ha puesto en sus manos la responsabilidad de soñar con un futuro mejor y de hacerlo realidad con valentía y optimismo.
