A piece of peace

Ante todo ello, hay que parar la marcha y detenerse, pues para bien o para mal sin pausa es difícil obtener paz. Quizás no logramos pausar porque la vida nos lleva o porque padecemos el síndrome de laactivitiso porque la padecen quienes nos rodean.

Al buscar estas palabras entrecomilladas en Google, se reportan más de 7 millones de resultados. Entre sus usos se repiten especialmente las canciones del jazzista americano Bill Evans o del rapero surcoreano J-Hope, así como se aprecian los títulos de múltiples libros sobre mindfulness y sabiduría de autores orientales y occidentales. Todos estos productos culturales, de una u otra manera, hacen un llamado de paz y esperanza, al que yo también deseo sumarme, dando continuidad además al mensaje de fondo de mi columna anterior.

Las palabras A piece of peace o Una pieza de paz, me llevan primero que nada a buscar una pausa. Buscar, digo, pues tal cosa como la pausa no se logra sin algún esfuerzo.

La vorágine diaria nos lleva a vivir en un modo de acción permanente. Vamos de una actividad a otra por el estudio, la familia o el trabajo. Levantarse, ducharse, tomar algo, ir a trabajar o a estudiar, atender correos, asistir a reuniones —que por la velocidad de la pantalla se han vuelto más eficientes, pero sin que medie un segundo—, cumplir con agendas atiborradas que incluyen ejercicio, regímenes de comida, escuchar música, ir al supermercado, atender las redes sociales y como cada uno complemente este incesante y agotador etcétera.

Ante todo ello, hay que parar la marcha y detenerse, pues para bien o para mal sin pausa es difícil obtener paz. Quizás no logramos pausar porque la vida nos lleva o porque padecemos el síndrome de la activitis o porque la padecen quienes nos rodean. O también quizás porque, sin razonarlo, preferimos seguir siendo anónimos ante nosotros mismos.

Al regreso de las vacaciones no es extraño escuchar la frase aquella de “necesito tiempo para descansar de las vacaciones”. Ello sucede porque, incluso en estos periodos, encontramos la manera de vivir en una montaña rusa que llena de adrenalina nuestra vida. Vivimos subiendo y bajando, sintiendo demasiada carga, demasiado trabajo, demasiadas responsabilidades, demasiado de todo.

No podemos cambiar el modo de operar del siglo XXI en general, que se ve animado por la sobreinformación, los medios de comunicación o nuestra presencia live en cualquier evento de manera incesante.

Sin embargo, sí que podemos pausarnos a nosotros mismos. Detenernos para conocer al “desconocido” que llevamos dentro y preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos o por qué no hacemos lo que no hacemos. Podríamos conocernos y descubrir los dones que la vida nos ha dado, saber qué queremos, cómo lo queremos y cómo podemos buscarlo. Podríamos ver hacia dónde se dirigen nuestras acciones y hacia dónde querríamos orientarlas.

Esto requiere de paciencia y afán. Como afirma Nowmen, esto exige ir más allá entre la huida y la pelea. Reclama una disciplina porque va contra lo medular de nuestros impulsos e implica perseverar, vivir y escuchar cuidadosamente lo que se nos presenta aquí y ahora.

Detenernos nos lleva a reorientar nuestro andar y encontrar el para qué. Nos lleva a distinguir cuántas veces hemos corrido tras algo que parecía falsamente sinónimo de éxito y bienestar.

Pausemos. Pausemos y frenemos esa prisa exterior que se ha convertido en prisa interior, nos quita la paz y nos afecta psicológicamente. Como expone Marian Rojas en su libro Cómo hacer que te pasen cosas buenas, el nerviosismo, la ansiedad y el estrés son frutos de no vivir en el ahora, sino de vivir con lamento por el pasado o desasosiego por el mañana.

A peace of peace, un poco de paz.

Lo escribo y doy espacio entre las líneas para dar ese tempo y ese tono. Busquemos un poco de paz, hagámonos pacíficos, en tanto que podremos transmitir paz a otros.

Termino pidiéndote que te detengas un poco después de esta lectura. Que aprecies cómo estamos en la tierra no para hacer muchas, muchísimas cosas, sino para ser personas de vida plena. Detén el frenesí y sé hoy y cada vez que tú quieras ése que se cultiva a sí mismo y que contagia a su alrededor de esa joya: a piece of peace.

Temas: