Un soldado en cada hijo

Ayer, al mediodía, alguien de mi amistad me insistía en que si bien Enrique Peña Nieto tiene ya in pectore, como si fuera Papa, el nombre de quien ha de ser su sucesor en la Presidencia de la República, hay dos destapados que están fuera de esa presunción ...

Ayer, al mediodía, alguien de mi amistad me insistía en que si bien Enrique Peña Nieto tiene ya in pectore, como si fuera Papa, el nombre de quien ha de ser su sucesor en la Presidencia de la República, hay dos destapados que están fuera de esa presunción histórica.

Dos que comparten, le repuse, impedimentos especiales: uno es muy viejo y el otro es muy joven. José Narro y De la Madrid. Ni tan viejo es el coahuilense, 69, ni tan joven es el hijo de Miguel de la Madrid, 55, me repuso mi comensal.

No me quedó más remedio de revertirle que él estaba hablando del posible candidato del PRI a la Presidencia de México. Precisamente el partido que menos posibilidades tiene de quedarse en el poder omnímodo e insípido de la Presidencia imperial.

El ejercicio democrático de los venezolanos el pasado fin de semana es muy aleccionador. Hecho sobre las rodillas, sin apoyo del poder electoral —que en Venezuela tiene la categoría equivalente al Judicial o al Ejecutivo— y con todas las trabas de la dictadura que se dice bolivariana de Nicolás Maduro, llegó a juntar una cantidad impensable de votos: más de siete millones de votos en contra de la intención del gobierno de hacer una nueva Asamblea Constituyente y una nueva ley magna; 98% por la oposición. Esto equivale a que en las elecciones mexicanas del año que viene acudieran a las urnas más de 60 millones de electores.

Llama la atención una de las preguntas que este plebiscito venezolano incluyó en la boleta con destinatario claro: la participación del ejército en el nuevo reordenamiento democrático del país. El mismo 98% dijo que sí.

Regresando a nuestras coordenadas, yo le dije a mi comensal que el PRI no ganará las elecciones a la Presidencia en 2018. Si no sucede algo traumático, el Presidente próximo de México se llama Andrés Manuel López Obrador. No por sus virtudes; simplemente porque no hay otro.

Lo único traumático que pudiere ocurrir sería un pronunciamiento inédito —en los años del civilismo nacional— de las Fuerzas Armadas. Un golpe de Estado, vaya. La pregunta sería, ¿a favor de quién? Los soldados de México ni están preparados anímicamente ni están dispuestos políticamente a jugar esa ficha negra del destino latinoamericano. El espantapájaros que la derecha recalcitrante viene forjando de AMLO desde las locuras de Vicente Fox se localiza a años luz de distancia de la realidad política. López Obrador puede ser un farsante, que lo es, pero no es tonto. Y él, que aprendió política en las filas del PRI, no se nos olvide, sabe que el gobernante no gobierna solo y que junto con él, a su lado y a su oído, están los señores del poder del dinero.

No nos dejemos, pues, espantar con el enano del tapanco.

PILÓN.- El circo mediático en torno al regreso de Javier Duarte de Ochoa de su celda de Guatemala a la celda de Guatepior fue, evidentemente, un intento logrado por quitar los reflectores de la indignación por los socavones en todas nuestras calles y carreteras para llevarlos en otra dirección.

No les va a servir de nada. Ya estamos hartos.

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