Alma llanera
Nos gastamos al año casi el mismo monto en alimentos que el que recibimos
por la venta del petróleo: alrededor
de 19 mil millones de pesos.
La Revolución Mexicana, sin proponérselo, estaba poniendo las bases, sobre cientos de miles de muertos, de un nuevo Estado urbano en lugar del viejo país agrícola. Nos quedamos a medio camino. No fuimos un país industrial y dejamos de ser una economía agrícola. La demagógica reforma agraria destruyó las grandes entidades productivas que eran las haciendas y, en la fragmentación de la propiedad, propició los ejidos pobres que tenían tierras, pero no medios para cultivarlas efectivamente.
En ese trágico binomio reside el problema que hoy Donald Trump nos está obligando a enfrentar: la enorme migración de campesinos mexicanos pobres en pos de mejor vida.
No hay cifras confiables y exactas, pero no es aventurado afirmar que 50% de los alimentos que consumimos los mexicanos son importados. Nos gastamos al año casi el mismo monto en alimentos que el que recibimos por la venta del petróleo: alrededor de 19 mil millones de pesos. Es lógico, el 70% de los productores del agro mexicano tiene ingresos inferiores a la subsistencia. “Ningún país tiene soberanía alimentaria, ningún país produce todo lo que se come; todos los países, y en eso se basa el comercio, producen algo en lo que son buenos e importan otras cosas. Lo que es muy importante es que el país produzca aquellos rubros que son estratégicos”, dice la FAO, que es el ente de la ONU para la alimentación y el agro.
El asunto es que México importa la tercera parte de lo que el país consume; la mitad del trigo, el 80% del arroz y entre 30 y 50% del frijol, todo ello parte de la canasta básica alimentaria de los mexicanos. El asunto es que, en su gran mayoría, todos esos insumos vienen de Estados Unidos, ya sin contar los de soya y maíz amarillo, usados para alimentar gallinas y vacas, proveedoras de otras proteínas y abastecedoras de la industria aceitera.
En los 46 días que hoy se cumplen del ejercicio Trump, los mexicanos —su gobierno— han centrado su atención en el tema migratorio. Nos aterra, y con razón, que México no tenga capacidad de educación, empleo y servicios para los potenciales millones de deportados que vendrían de Estados Unidos. Desde luego: México no tuvo oportunidades de empleo, educación y desarrollo cuando ellos se fueron, menos las va a tener ahora.
Mediáticamente, nuestro otro gran temor es el muro fronterizo, que desde la Gran Muralla de los chinos y el muro de Berlín, sus constructores sabían que no iban a cumplir con su objetivo cabalmente. El mismo Donald Trump sabe, en su condición de empresario, que la fuerza de trabajo de los mexicanos es fundamental para Estados Unidos. Los necesitan allá y allá los mantendrán, aunque más agazapados y más asustados. Ellos dependen de los mexicanos.
Pero el nivel de dependencia de aquí para allá es mucho más intenso. Casi la mitad del gas y la gasolina que consumimos en México viene de Estados Unidos. ¿Podemos imaginar que, en la pugna que se avecina entre México y Trump, a este señor se le ocurre cerrar la válvula del gas o el ducto de la gasolina? ¿Qué tal que no nos vende más alimento? Vamos a ser una nueva versión de la Venezuela de Chávez y Maduro. Estaremos en la ribera del Arauca vibrador, sin leche, carne, maíz o huevos en el súper.
Aunque sí tengamos papel de baño.
PILÓN.- Leopoldo Roberto García Peláez Benítez y Jesús Antonio Flores Pérez han sido, durante los últimos tiempos, los dos más grandes comediantes de México. Los conocemos como Polo Polo a uno y Tony Flores al otro. Como ordenan los cánones de las redes sociales, su popularidad les ha llevado a que ahí se difunda, de cuando en vez, la versión de su deceso.
Esta vez, en el caso de Tony, la noticia era lamentablemente cierta. Su largo sufrir de la esclerosis lateral amiotrófica, doloroso y cruento mal progresivo e irremediable de atrofia muscular generalizada, se cobró la noche del lunes negándole la posibilidad de respirar. De esa manera, la muerte de Tony fue una necesaria y agradecida liberación.
Ha de mencionarse, aparte, que el caso de Tony puso de relieve el uso de la cannabis para su tratamiento. Pese a que las mentes obtusas siguen cerradas a realidades científicas, el comediante disfrutó de un sustancial alivio gracias a la mariguana. Ojalá esta experiencia sirva para avanzar en el campo.
