¿Quién eres tú?

En el último sitio de la calificación de una encuesta, donde todos esperábamos encontrar a la policía, están los partidos políticos.

Se cierra este fin de semana el registro carnavalesco de los candidatos a las elecciones de la primera semana de junio. Si usted necesita motivos de hilaridad, le diré que sólo en el estado de Campeche hay once candidatos a la gubernatura; si se quiere reír más, diez son candidatos registrados por los partidos políticos que usted y yo pagamos con nuestros impuestos. El undécimo también, aunque no tenga partido que lo patrocine.

Escuché el otro día los resultados de una encuesta, de esas tan de moda, de la aceptación que tiene entre la población de nuestro país cada una de las entidades sociales que conocemos. Creo que la Iglesia, así en su conjunto, se llevó el primer lugar. Me imagino que eso se debe a la penetrante popularidad de las iglesias llamadas históricamente protestantes en México. Pese a la popularidad del papa Francisco, el catolicismo en la bolsa de valores de la gente está a la baja. En los lugares tres y cuatro se ubicó tramposamente al Ejército y la Marina, que son uno y lo mismo en la percepción ciudadana.

Lo más importante no es eso.

En el último sitio de la calificación, donde todos esperábamos encontrar a la policía, están los partidos políticos. Todos.

Por algo la palabra afiliación política tiene que ver con la fraternidad y con la sangre, con la pertenencia a una suerte de cofradía, hermandad, pandilla o secta. Votamos por un partido político cuando esa entidad piensa, dice y defiende lo que nosotros.

Ciudadanos es una entidad política que está chinga y jode desde hace ocho años desde Barcelona a España. No es el único no-partido que se ubica en el nuevo panorama electoral del mundo. Son los descontentos, los que no estamos de acuerdo con lo que nos ofrecen los partidos políticos.

Desde luego, ellos tienen el dinero que el Estado –nosotros– les entrega para sus pillerías. Mientras el Congreso sea el que apruebe esos generosos patrocinios, seguiremos así.

Pilón 1.- Ante un pinche hangar del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México rindieron homenaje a Salvador Flores Bautista, José Adán Álvarez Hernández, Enrique González Santa María, César Gómez Cruz y Cristhian Yobani López Becerril. Todos ellos eran miembros de la Policía Federal. En Ocotlán —eso es Jalisco— los malosos les pusieron una emboscada y los mataron a tiros. Aquí en la capital les pusieron una bandera de México sobre cada uno de sus féretros, bandera que luego entregaron a sus deudos, y cada quien se fue a su casa. Yo simplemente pregunto: ¿dónde chingados estaba ayer la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que se dedica a proteger delincuentes? La gente de bien no tenemos derechos. Por cierto, en la balacera de Ocotlán murieron tres transeúntes.

Pilón 2.- El que tenga las manos sucias, que no lance el guante blanco.

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