Brinca la tablita
Hoy por hoy, México sólo puede aspirar a que su economía crezca 0.9% del Producto Interno Bruto. Si bien nos va.
Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho y ocho dieciséis.
La tablita
Para los que somos legos en esto de los números y las ecuaciones, cualquier cifra que supere un millón —de lo que sea— es mucho. Un millón de pesos, yuanes, camiones o corcholatas. Por eso los indicadores de la Bolsa y las cotizaciones y tumbos de bonos y acciones, no nos dicen nada; por otra parte, estoy seguro de que los que se preocupan de esas oscilaciones y esos tumbos ya saben de ellos antes de que sucedan y, desde luego mucho antes de que aparezcan publicados.
Eso explica que nosotros, la gente de a pie, tengamos indicadores mucho más simples para la tranquilidad o el desasosiego, cuando de finanzas públicas se trata: nos marcamos indicadores arbitrarios que disparan nuestra inquietud o provocan una calma sin fundamento. De esa suerte, cuando el dólar pasa la barrera de los 13 pesos por pieza, es de preocuparse. Cuando un billete verde ronda los 12.50 pensamos en automático que nos está yendo bien, aunque no se encuentre en nuestros planes ni siquiera ir a comprar un chicle a JC Penny.
Son las barreras sicológicas, como la que nos puso el equipo de Nigeria en el primer partido del campeonato sub 17, de seis goles a uno. Hay veces que son insuperables y determinan el ánimo colectivo.
En lo que va de este sexenio, aunque a los mortales no nos diga mucho, el pronóstico del desarrollo económico, nuestro país se ha metido en un tobogán que angustia hasta al más ignorante en cuestiones de economía. Comenzamos alardeando que la economía del país crecería al ritmo de 3.5% del Producto Interno Bruto. El PIB es la suma de todo lo que hacemos y tenemos como nación. Crecer entonces a esa tasa no era tan malo, sobre todo si los países que queremos emular, como China o la India andan por ocho por ciento de su PIB. Llegar a los dos dígitos es un sueño imposible para México desde hace un par de generaciones.
También sonaba imposible bajar el índice de crecimiento de tres por ciento. Pero empezaron a llegar los aguafiestas —que generalmente son las agencias internacionales administradoras de dineros, ajenos o el Banco de México, que maneja los nuestros, amén de otros metiches— y dijeron que, cuando mucho, este 2013 creceríamos a 2.5%; luego, de sopetón, bajó a 1.9% la barrera de las expectativas. Y nos precipitamos en picada. De 1.9% nos fuimos a 1.5 porcentual y todos pensamos que sólo podríamos ir hacia arriba.
Aún sin saber con certeza en qué se traduce el número seco, cruzamos la barrera sicológica de uno por ciento. Hoy por hoy, México sólo puede aspirar a que su economía crezca 0.9% del Producto Interno Bruto. Si bien nos va.
Alguien me enseñó, en el negocio éste de la televisión, que uno se puede pelear con cualquier entidad, menos con los números. “Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis”, dice la canción infantil sobre lo inexorable de esa forma suprema de la lógica que son las matemáticas. Pero también me dijo alguien de no menor sabiduría, que dos y dos no son necesariamente cuatro: si compras, son tres y si vendes son cinco.
Sea como fuere, lo cierto es que a México le espera un mal año, de estancamiento económico y si nos descuidamos, de retroceso: bastará con pasar la otra barrera sicológica, el cero, para pasar a números negativos de crecimiento. Entonces sí, hasta los ignorantes como yo comenzaremos a entender de economía por el camino más doloroso, el del bolsillo magro.
No se ve ánimos, ni capacidad, para ayudarnos a brincar esa tablita.
