Luciérnagas

La llamada “feminización” de los cuidados, que obliga a niñas y mujeres a dejar la educación, tiene alternativas. Hay que invertir en ellas, pero funcionan.

Piso parejo es la expresión coloquial. Pero, pasan las décadas y no lo logramos. Vayamos a las raíces. Seis de cada diez personas que no asisten a la escuela son mujeres. La carga del trabajo doméstico, la atención y cuidados centrados en la mujer son las principales razones. Las conocemos. También las consecuencias, al marginarse de la educación, los trabajos mejor remunerados se cierran. En 2015 el Inegi calculaba que 6.6% de las mujeres no tenían ningún tipo de escolaridad. Más de la mitad de las mujeres de 15 años o más, sólo tenían educación básica; 13.5% secundaria incompleta. Esa deserción es dramática en media superior y superior. Así se instala el círculo vicioso. Se condenan a reproducir lo poco que aprendieron.

Pero su condición es más compleja: tres de cada 10 niñas dejan de asistir a la escuela durante su periodo menstrual. La preparación para enfrentar ese hecho de su naturaleza corporal no es un tema del que se hable. Bien por los apoyos fiscales para compresas y otros artículos. Pero no basta, la escuela misma debe ser un sitio de resguardo, protección y auxilio. Muchas de esas niñas, adolescentes o mujeres jóvenes, provienen de hogares en que los hábitos de higiene no son los apropiados. Encaremos la menstruación como la realidad social que es.

Se habla mucho de la igualdad, pero basta con ver las hileras de mujeres esperando a entrar a los sanitarios en lugares públicos, el AICM por ejemplo. Los cálculos del tiempo –30 segundos más– y condiciones requeridas por las mujeres son obligatorias. La LFT estipula los requerimientos generales para varones y mujeres. Pero la NOM 001 es perfectible. Se acerca al dos por uno. No más colas frente a los sanitarios, sería un paso muy concreto.

Otro agravante. Los matrimonios tempranos. En las comunidades originarias puede ser un horror. Más de la mitad de los embarazos en el país no son planeados. Cada año hay alrededor de medio millón de nacimientos de madres menores de 19 años. Las cifras muestran que los niños que nacen en hogares inestables tienden a resbalar en violencia. Un jefe de Gobierno emanado del PRD me dio las cifras. Y claro, en caso de que aplique la ley, las condiciones en los centros de rehabilitación pueden ser escuelas de criminalidad. La estabilidad en el hogar para la crianza no es una condición “burguesa”. Quien quiere dedicar parte de su vida a la crianza –debe ser una decisión–, sea el tipo de hogar que sea, debe asumir el tiempo que esto demanda.

La llamada “feminización” de los cuidados, que obliga a niñas y mujeres a dejar la educación, tiene alternativas. Hay que invertir en ellas, pero funcionan. Las escuelas de tiempo completo eran una opción que mostró muchas bondades. La atención de los adultos mayores también se puede profesionalizar. España ha tenido aciertos en esa área. Liberar a las mujeres de esas cargas paralelas debe ser una función de un Estado si de verdad se quiere mayor igualdad de género e igualdad económica. La asistencia social es una gran inversión. Si la mitad de las pérdidas diarias de Pemex –más de  mil mdp– se dedicaran a apoyos a niños y ancianos, iríamos por un camino de auténtica liberación de las mujeres. Así lo lograron los países escandinavos. La plenitud personal, profesional y social de las mujeres en esos países es envidiable. Pero hay más.

La transmisión de valores dentro del hogar, por razones simplemente de presencia física, recae mayoritariamente en las mujeres. De tal manera que millones de “machines” que bloquean a las mujeres –tanto en el sector público como en el privado– reproducen lo que se les inculcó. “Tráeme el salero…”, expresión del papá o el hermano a la joven que normaliza desde el tono de voz –una orden– hasta las funciones asignadas.

Y qué decir de la violencia de género que nace en buena medida… en los hogares. O del feminicidio, tres mujeres mueren cada día.

Tienen brillo propio, dejémoslas volar.

Bien por Luciérnagas, IMER, 1350 AM.