Barbarie
Incluso antes de 1945 la labor de consenso civilizatorio ya había comenzado.

Federico Reyes Heroles
Sextante
El poder sin legitimidad se vuelve fuerza bruta, barbarie. Los EU se convirtieron en algo más que la primera potencia económica. Lograron ser un verdadero país líder por las acciones civilizatorias posteriores a la Segunda Guerra. Sin ellas hubieran seguido la ruta de imperios previos. Edward Gibbon, el clásico historiador inglés del siglo XVIII, desnudó las causas del desplome del Imperio Romano. Paul Kennedy, de Yale, pero también británico, publicó a finales de los años ochenta un texto diáfano y atractivo: Ascenso y caída de las grandes potencias. La lección es clara: ser rico no basta. Ahora Trump lleva a su país al abismo.
Fareed Zakaria lo dijo en CNN con toda claridad: “Una América (EU) egoísta será una América solitaria”. Regresemos a la historia. El 8 de mayo de 1945, Día de la Victoria. La Carta de San Francisco, documento fundacional de la ONU, se firmó en junio de 1945. Fecha oficial de terminación de la Guerra, el 2 de septiembre. Pero antes de los bombardeos atómicos, la fuerza civilizatoria ya había comenzado. Trump destruye la capacidad de influir en el rumbo mundial e impulsar una convivencia lo más racional posible.
Naciones Unidas se crea en octubre de 1945. Pero, incluso antes, la labor de consenso civilizatorio ya había comenzado. A partir de los acuerdos de Bretton Woods de 1944 se crea el FMI, con la finalidad de garantizar estabilidad financiera. El Banco Mundial –Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF)– tuvo como finalidad original la reconstrucción de los países europeos devastados. El GATT nació para combatir aranceles, barreras comerciales y fomentar el libre comercio. El Plan Marshall inyectó 13 mil mdd para la reconstrucción de Europa. La FAO nació para mejorar la nutrición y la producción agrícola. La OMS tiene como misión gestionar la salud pública a nivel global. La Unesco propicia una paz duradera y disminuir la pobreza a través del fomento de la educación, la ciencia, la protección del patrimonio, incluido el natural, el medio ambiente. Colabora con infinidad de fundaciones privadas. Recursos financieros y conocimiento puestos, hoy al servicio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Todo el sistema de Naciones Unidas parte del convencimiento de que sólo con acuerdos comunes, que suponen diálogo como esencia, se logran avances de largo plazo. Por esa convicción de racionalidad, EU logró no sólo incrementar su poder económico y militar. Lo más importante fue legitimarse ante el mundo como líder. Con vaivenes terribles de una ética mínima de convivencia, el andamiaje sostiene la intención.
Trump llegó a Davos a insultar no sólo a la Unión Europea, sino a toda la humanidad. Supone que el financiamiento estadunidense al sistema de Naciones Unidas le da una supremacía moral. “…Sin nosotros ahora mismo el mundo estaría hablando alemán y quizá algo de japonés…”. A Groenlandia la denominó un “pedazo de hielo”. Los EU aportan entre 15 y 18 mil mdd al sistema. Su gasto militar es 45 veces esa cifra y creciendo. A Trump se le olvidan las comunicaciones desesperadas de Churchill a Roosevelt explicándole que Hitler no sólo estaba demoliendo Europa, sino que era una amenaza mundial (John Lukacs, Cinco días en Londres, mayo de 1940). Ganamos, dice Trump con euforia. Se le olvida que los EU entraron a combatir después de Pearl Harbor, el 8 de diciembre de 1941, dos años después de la invasión de Polonia. Se le olvida el número de muertos por país: URSS, de 22 a 27 millones; China, 20 millones; Alemania, 8; Polonia, 6; Reino Unido, 450 mil; EU, algo similar.
Las reacciones son esperanzadoras. El desfile de líderes de naciones con argumentaciones sólidas es algo históricamente excepcional: Canadá, Alemania, Dinamarca, Reino Unido, Francia, Finlandia, Noruega, Suecia, Países Bajos, Bélgica y la presidenta de la Comisión Europea. Carney fue directo: construir algo nuevo y buscar equilibrios.
No a la barbarie.