Soberanía, relaciones México-EU
La principal diferencia entre México y Estados Unidos es que la sociedad estadunidense, a diferencia de la mexicana, es una sociedad civil donde la gente se siente razonablemente segura bajo la ley del imperio. Sin embargo, al mismo tiempo, como afirmaba Charles Baudelaire ...
La principal diferencia entre México y Estados Unidos es que la sociedad estadunidense, a diferencia de la mexicana, es una sociedad civil donde la gente se siente razonablemente segura bajo la ley del imperio. Sin embargo, al mismo tiempo, como afirmaba Charles Baudelaire en el número del 20 de abril de 1855 del periódico parisino Le Pays: “A los estadunidenses les gusta que los engañen”.
Doctora Cecilia Ponce Rivera
(La Frontera Norte, EUM-EUA. Regulación vs. Restricción)
Nuestra Constitución describe la importancia y trascendencia que tiene el tema de la soberanía en el sistema jurídico mexicano, adelantando que se trata, ni más ni menos, de la institución y principio rector de nuestra Carta Magna, que establece que la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público emana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
La soberanía es la libre determinación del orden jurídico. Es, de acuerdo con Hermann Heller, “la capacidad tanto jurídica como real de decidir de manera definitiva y eficaz en todo conflicto que altere la unidad de la cooperación social-territorial, en caso necesario, incluso contra el derecho positivo, y además, de imponer la decisión a todos los habitantes del territorio”.
Resulta importante la comprensión de este concepto, para que, sin rechazar su esencia y razón histórica de su nacimiento, se redefina, adecuándola a las nuevas reglas de convivencia entre los países, así como haciéndola valedera para regular las relaciones de los pueblos por lo que respecta a su propia vida interna, permanecer en un concepto tradicional e inamovible de soberanía, es renunciar a la tarea de crear conceptos e instituciones jurídicas modernos de aplicación multilateral.
La realidad da claros ejemplos de cómo los países y los individuos han superado las barreras geográficas e ideológicas para crear una cultura universal, prueba de ello, es la integración de los países europeos en una comunidad o bloque, tendencia que han seguido algunas otras regiones del mundo, como lo es Norteamérica, integrándose bajo un tratado de comercio conformado por Canadá, Estados Unidos y México (T-MEC)
Una de las manifestaciones más claras y evidentes por las cuales se ha vulnerado o transgredido el concepto de soberanía son las intervenciones que sufre un país a manos de otra nación. Sobre este tema, destaca el conflicto armado entre México y Estados Unidos que tuvo como resultado la pérdida de más de la mitad del territorio que, en ese entonces, constituía la naciente República Mexicana.
No podemos soslayar la importancia de la relaciones de nuestro país con el mundo y en particular con Estados Unidos, tenemos suscritos centenares de tratados, acuerdos, convenciones, conferencias, pactos de todo tipo, este año los connacionales enviarán remesas a nuestro país por más de 66 mil millones de dólares, lo cual es producto de un esfuerzo mayúsculo y de ninguna manera mérito del gobierno; compartimos una frontera de más de tres mil kilómetros, esto y más explica la complejidad de las relaciones de ambos países, amén de la carga histórica ampliamente conocida y documentada.
Este mosaico de complejidades de dos pueblos tan distintos y tan cercanos en tantos aspectos de la vida cotidiana requiere una atención especializada, coherente, planeada, no improvisada, debe ignorarse el concepto de soberanía como omnipotencia, ya que cada una de estas entidades entra en coexistencia con otras semejantes, y ninguna de ellas puede tener supremacía sobre las demás.
Son momentos oportunos para reescribir las relaciones político-diplomáticas con una visión soberana, no sólo con los vecinos y socios del norte, sino además con una amplia cooperación internacional dentro del marco del derecho internacional, dejando atrás intervencionismos, rencillas y reclamos estériles en una globalización que vive entre nosotros.
