Resiliencia

La resiliencia del mexicano ha generado su movilización, su resistencia.

Aquel que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo.

F. Nietzsche.

Como cada año, esta época nutre nuestro espíritu de diversos sentimientos, que lo llenan de nuestros mejores deseos, renovar tradiciones, expresar alegría que, en ocasiones, va de la mano de la tristeza; nos invaden los pensamientos melancólicos, la pérdida del entusiasmo o bien solemos conectarnos con emociones, nostálgicas con los recuerdos que hemos vivido.

Es una mezcla de sentimientos muy complejos, que se ven exaltados por todas nuestras vivencias recientes (la pandemia fue un tremendo detonador), surge la resiliencia: reinventarnos y seguir adelante en un nuevo orden social, político y económico.

Este México, el de hoy, en el que sí que importa la vida y que lucha por ella ante la alevosa adversidad de la desgracia, la resiliencia ha sido columna fundamental de la sociedad civil, los embates al tejido social y sus valores, a la salud, la educación, la economía, lo político, la democracia, han demandado una enorme dosis de resiliencia, esa capacidad de los mexicanos para resistir a la destrucción: la capacidad de proteger su integridad, sus instituciones, su nación, bajo presiones extremadamente antisociales, de extrema violencia, ilegales, atrabiliarias y su capacidad para construir un comportamiento vital positivo que le proporcione respuestas adecuadas y aceptables ante tantos retos destructivos que nos acechan a diario y que van destruyendo el Estado mexicano en su totalidad.

Un pueblo harto para el que las cifras no alcanzan a contabilizar los costos sociales, la decepción en estos episodios por la clase política dominante y el gobierno, nos hace volver a la incertidumbre y la desconfianza. Políticos mesiánicos que insisten en la división, que se disfrazan con túnicas de bondad y esperanza, hicieron del rechazo la divisa de un pueblo cansado que, al encontrarse ensimismado en la desgracia, destierra estos falsos redentores y sus promesas imposibles de cumplir. Se aislaron de la voluntad de un pueblo que se reconoce ante el dolor de la desgracia y se aparta del sufrimiento, cobijado en entrega apasionada a su nación, desgarrada por la pandemia, fenómenos naturales y autoritaria gobernanza, pero en proceso de reconstrucción como respuesta a esta violencia indebida.

La delincuencia no ha estado ausente en estos trágicos momentos, por el contrario, ha generado más temor y ha bloqueado el camino de la reconciliación, tiene sometido a su brutal imperio zonas estratégicas del país (p.e. el estado de Zacatecas) cobra sin temor vidas de inocentes, alcanzando policías, militares, juzgadores, alcaldes, etcétera (no hay ningún respeto o temor a la ley), la afrenta sangrienta rebasa los límites de la brutalidad.

La resiliencia del mexicano ha generado su movilización, su resistencia con propuestas y alternativas de solución, ha mostrado la mejor versión de su naturaleza ante estas adversidades, el proceso comunitario está presente en las respuestas, en el rescate, en la protección y el desafío de estos retos que no lo amilanan para poder vivir una vida sana en un entorno insano.

¿Qué es la resiliencia? Un concepto relativamente nuevo para las ciencias sociales, que aparece a mitades del siglo pasado como resultado de varios estudios realizados por Anna Freud, quien es considerada pionera de estos temas, básicamente enfocados en el psicoanálisis infantil, posteriormente aparecen otros autores en las últimas décadas del siglo pasado.

El concepto podríamos resumirlo como la “identificación de los factores que facilitan a las personas sobreponerse de manera exitosa a la adversidad y dificultades que se presentan en sus vidas”.

Para Grotberger (1995) es la “capacidad humana universal para hacer frente frente las adversidades de la vida, superarlas, incluso ser transformado por ellas. La resiliencia es parte del proceso evolutivo y debe ser promovido desde la niñez, víctima primera de esta sanidad social”.

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