La transformación del Ejército

El primer paso a la profesionalización del Ejército se dio con Porfirio Díaz, quien, temía que las guardias nacionales, que dependían de los gobernadores, se tornaran en contra de su gobierno.

 Los problemas básicos que encaran hoy al mundo no son susceptibles de una solución militar.

John F. Kennedy

Una verdadera transformación se da en nuestra nación a partir del triunfo de la Revolución Mexicana, al tér­mino de esta etapa armada la prioridad del gobierno era la reorganización del país y su total pacificación.

Una de estas prioridades era la profesionalización de las Fuerzas Armadas, instituciones fundamentales cuya historia corre paralela con la construcción de nuestra gran nación.

La historia independiente de México refiere tres ejér­citos que han pasado uno tras otro. El primero se forma con el Ejército Trigarante de Iturbide, los mandos eran españoles y criollos y fue uno el que consumó la independencia, su fin dramático lo marcó su alianza con la causa monárquica que le abrió las puertas a Maxi­miliano, no tuvo ningún respeto por las nor­mas constitucionales, le llamaban el ejército de las asonadas.

El segundo ejército nace como resultado del triunfo de la causa republicana en 1867, curiosamente formado por el general Herrera en 1848 con las guardias nacionales, sumadas por fuerzas informales de políticos locales que rechazaban la disciplina y las normas que regulan la buena gobernanza, sin embargo, dispuestas a combatir a las tropas extranjeras de Maximiliano, se trató de ciudadanos armados. Con este ejército se ganó la Guerra de Reforma, propiciando los espacios políticos para que se formara el Constituyente de 1857.

Los aciertos de este ejército, defensor de la interven­ción francesa “Ejército Republicano de Juárez”, surge como respuesta ciudadana y política frente al intervencionismo monárquico.

El primer paso a la profesionalización del Ejército se dio con Porfirio Díaz, quien, temía que las guardias nacionales, que dependían de los gobernadores, se tornaran en contra de su gobierno. Convencidos los gobernadores de la inope­rancia de dichos cuerpos, destinó esos recursos al fomento económico del país. El punto débil fue la “leva” incorporación forzosa al mismo.

El Ejército, como lo conocemos actualmente, nace como constituyente en 1913, con la integración de la Guardia Na­cional de Coahuila para enfrentar al traidor Huerta.

Los tres ejércitos son producto de grandes transforma­ciones nacionales: Independencia, Reforma y Constituciona­lismo. Estos dos últimos encauzados a la profesionalización para dar respuesta al cansancio del pueblo por luchas civiles y deseoso de un ejército apolítico.

Fue sin duda el general de división Joaquín Amaro, el ar­tífice de la anhelada transformación, cuya carrera ejemplar, se inició como soldado raso en las fuerzas de Domingo Arrieta en Durango, así creció su ca­rrera militar en los estados de Guerrero y Mi­choacán, ya como comandante de tropas se unió al general Obregón.

A partir del triunfo del Plan de Agua Prieta en 1920, se destacó como uno de los generales más distinguidos del Ejército Revolucionario, de carácter valiente, severo y exigente.

El presidente Calles lo nombró ministro de Guerra y Marina y así inició el proceso de reor­ganización, disciplina y modernización de las fuerzas revolucionarias para convertirlas en un verdadero ejército profesional para garantizar las insti­tuciones nacionales y que estuviera enteramente al servicio de México.

La democracia republicana, columna vertebral de nuestra nación, exige en mayoría de voces, el respeto a la Constitu­ción general con su exacto cumplimiento y que no sea vul­nerada con leyes secundarias.

La innegable profesionalización de las FA puede ser una importante coadyuvancia en la lucha contra el crimen y la violencia en todas sus expresiones y combatir la inseguri­dad pública, supeditadas al mando civil dentro del marco del orden jurídico que nos rige como nación libre y soberana.

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