La crisis de la república

México es de las cuatro primeras naciones con mayor criminalidad en el mundo y pareciera que no hay manera de controlarla

La ignorancia, el olvido y el desprecio de los derechos

del hombre son las causas de los males públicos

y de la corrupción de los gobiernos.

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789)

Atribuir al pasado los males de la República es negar las soluciones al futuro, es rescindir la oportunidad presente de construir un legado a la nación que se sostenga en la libertad, democracia y progreso, es cancelar la oportunidad de alcanzar el bien común.

El anunciado cambio, prometido, dibujado en un panorama político de esperanza y bienestar de una larga campaña política, se desdibujó desde el primer día al inicio de este régimen, una gobernanza no deficiente, más bien inexistente, que ha sumido al país en violencia e impunidad; aterrados vemos día a día la creciente violencia, una barbarie rubricada por el salvajismo y la brutalidad, crueldad despiadada, sin compasión alguna hacia la dignidad o vida de las personas, crímenes que rebasan lo imaginable en contra de niños, mujeres o ancianos, alimentada por el fuego de la impunidad .

La violencia ha hecho presa a la mayor parte del territorio nacional, el aumento de homicidios es galopante con cifras que se incrementan día a día o, mejor dicho, hora tras hora.

En el puntaje de criminalidad, México es de las cuatro primeras naciones con mayor criminalidad en el mundo y pareciera que no hay manera de controlarla ante un aumento imparable.

Recientemente, el país se cimbro ante el vil y cobarde asesinato de dos sacerdotes jesuitas: Javier Campos Morales, de 79 años, y Joaquín César Mora Salazar, de 80, y un guía de turistas, Pedro Palma (requiescat in pace), que buscaba refugio en una iglesia en la comunidad de Cerocahui, Chihuahua.

Al respecto, el Papa lamentó la violencia que azota a México y el asesinato de dos de sus hermanos jesuitas.

La crisis política y jurídica de la nación ha socavado la salud, la justicia, la economía, en suma, el bienestar todo del país. Pandemia con un manejo inadecuado e irresponsable, que ha dejado miles de muertos, que no acaba y vuelve con nuevos bríos, derroches sin freno en obras innecesarias o inoperantes, política exterior aberrante y contradictoria, que pone a México ante los ojos del mundo como inseguro y no confiable.

La actividad política en relación con la sucesión presidencial, por parte del partido en el gobierno, a destiempo, ventajosa y amañada, en un clima enrarecido por la acusada participación del crimen organizado en la gobernabilidad democrática.

El uso de la violencia y la corrupción para medrar con actividades ilegales, asociarse con autoridades para protegerse de sus rivales, incluso disciplinar a sus propios miembros y a quienes buscan explotar, es la divisa cotidiana.

La crisis jurídica que nos aqueja y que deriva de atentados cotidianos a la ley suprema, ya con reformas caprichosas o con intentonas frenadas por una oposición sensata a riesgo de ser llamados “traidores a la patria” como ya sucedió, ya con interpretaciones perversas y exageradas que permitan ejercer la función ejecutiva sin límites, ya burlando su cumplimiento.

El más evidente: el crecimiento de la violencia, el desgaste brutal del Ejército, la impotencia para prevenir y frenar el delito, la aplicación de medidas erráticas que en más de las veces socavan el desarrollo y el progreso económico y destruyen el tejido social, una ausencia de paz y armonía social que dan como resultado una intranquilidad interna y un temor fundado de toda la población, ha unido las voces de personas y grupos de toda naturaleza, para un cambio radical de la estrategia actual de seguridad.

Es innegable que, de acuerdo con los principios que establece nuestra Constitución Política, la inseguridad pública pone en riesgo la seguridad nacional.

Temas: