Guerra sucia

Las luchas fratricidas, la violencia y la “guerra sucia” continúan haciendo presa de la política mexicana, amparada bajo una siniestra y aparente causa democrática.

En el campo de las relaciones políticas, la amistad no figura, no subsiste. Puede haber, de abajo arriba, conveniencia, adhesión, fidelidad, y de arriba abajo, protección afectuosa o estimación utilitaria. Pero amistad simple, sentimiento afectivo que una de igual a igual, imposible…

La sombra del caudillo, Martin Luis Guzmán

La continua violación al Estado de derecho mexicano se vive con la injusta y arbitraria transgresión de normas de orden público que tutelan el derecho a la privacidad de las personas con imputaciones improcedentes que vulneran flagrantemente el principio de presunción de inocencia de las mismas, entre otros abusos de poder. La información, “otros datos" dados en las llamadas mañaneras casi a diario, es ofensiva, agresiva, sesgada o de plano falaz y polariza continuamente a la sociedad civil. 

Los niveles de violencia son inusitados de extrema gravedad e incontrolables, provocados en gran medida por el contubernio con el crimen organizado y la enorme impunidad que prevalece sobre la aplicación del orden jurídico, lo que nos ha llevado a vivir un clima electoral que bien cabe en el concepto de “guerra sucia”.

A partir de 1822, el México independiente tuvo siete Congresos constituyentes que dieron como resultado un Acta Constitutiva, tres Constituciones y un Acta de Reformas, varios golpes de Estado en nombre de la soberanía popular, un tránsito muy accidentado a través de planes constitucionales, asonadas, protestas, manifiestos, etcétera. El desprestigio de las leyes, gobiernos espurios, llevaron a intentonas de disgregar la nueva nación, con la disolución violenta de dos Congresos legítimos y la consagración como constituyentes de tres asambleas sin Poderes ni apariencia de legitimidad. El argumento ya desde entonces de las “masas ignorantes” aún suele prosperar en la ligereza del atril presidencial.

Un camino muy arduo ha transitado nuestro amado país, nuestra democracia republicana ha sufrido una serie de crudos embates en contra de los derechos y libertades que han conquistado la Independencia, la Reforma y la Revolución, movimientos para conquistar el “alma nacional”. Al triunfo de la Revolución Mexicana, el Congreso Constituyente de 1917 otorga a la nación un modelo distinto de ley suprema para abolir la dictadura, fortalecer la soberanía, privilegiar la división de Poderes y proteger para todos los habitantes del país, los derechos humanos con la mayor amplitud, fortaleciendo la democracia republicana con el respeto irrestricto a las instituciones nacionales. 

La actuación del Ejecutivo federal, orquestada desde las llamadas mañaneras ha de considerarse bajo el rubro de guerra sucia, agudizada desde la prejornada electoral hasta el momento, precisamente porque se rechaza la propia ley que se dice defender, y se hace desde el poder, en este caso, desde el Estado mismo. No se responde desde la legalidad, sino que desde ahí se actúa y se quebranta.

Las luchas fratricidas, la violencia y la “guerra sucia” continúan haciendo presa de la política mexicana, empeñada en una lucha por el poder y amparada bajo una siniestra y aparente causa democrática, haciendo nugatorios los principios constitucionales que vencieron la dictadura.

Llegaremos a las urnas con un país herido por la violencia inédita, vivimos la administración más sanguinaria y atroz en criminal contubernio con la delincuencia, ahora la represión corre a cuenta de ésta con total complacencia y otorgamiento de absoluta impunidad. El voto será la mejor herramienta para la expresión de la soberanía nacional e iniciar la reconstrucción del país.

México no ha estado exento de la “guerra sucia” en su búsqueda por la democracia, pero nunca antes como hoy, en la que los ciudadanos estamos obligados a desoír las voces de la polarización, la mentira y las falsas promesas. Pasaron seis años para cumplir la oferta electoral y los hechos condenan una gobernanza fallida.

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