Antidemocracia

Infundadas, las acusaciones en contra de la ministra Piña por un poder viciado por la antidemocracia.

Antipolítica son aquellas operaciones que erosionan o conducen a la destrucción de la forma política.

Carl Schmitz, jurista alemán

Inaceptable el término acuñado por el actual régimen de gobierno como una cuarta transformación, pues, si bien es cierto que se trata de una transformación, ésta se trata de una con efectos desastrosos, destructivos y muchos de ellos de difícil o imposible reparación. Acciones antipolíticas contrarias a la democracia republicana, acciones en contra de la democracia constitucional llevadas arbitrariamente de un mismo modo, con el objetivo de ocasionar diferentes daños al orden jurídico y sus instituciones e, indiscutiblemente también conductas ejercidas con una serie de acciones y omisiones que se mantienen en el tiempo y tienen un mismo resultado: violar la Constitución.

Un poder político en crisis con un modelo neopopulista que degrada el bien común, estas formas de desgobierno antidemocrático encuentran respuesta en la gravedad de los daños causados al proyecto básico del Estado de derecho.

El neopopulismo ha trastocado la concepción democrática de la República que se encontraba en vías de consolidarse, con ataques virulentos a organismos autónomos como el INE, el cual no regatea y actúa con transparencia, avalando todos los triunfos como al mismo partido en el poder. La perversión de los Poderes de la unión, en el caso del Legislativo con una mansedumbre de una mayoría ignorante, ciega y sorda, impuesta por el fanatismo y minorías obsecuentes y sumisas, o bien amenazadas, con métodos extorsivos que ha derivado en engendros anticonstitucionales como el llamado demagógicamente plan B.

El Poder Judicial de la Federación, vilipendiado y agraviado permanentemente por el Ejecutivo, amenazado, incluso cuando sus resoluciones no corresponden, con los deseos arbitrarios e impositivos del Ejecutivo que sin empacho prohíja repetidamente el fraude a la Carta Magna y a la ley.

La SCJN es custodia de la Constitución y de los tratados internacionales (ratificados por el Senado) y que constituyen, en suma, la Ley Suprema de la nación. Hoy su independencia y autonomía se ve reflejada en el pulcro proceder de su presidenta, una jurista talentosa e impecable, con una carrera judicial lograda a base de esfuerzo y méritos propios. Inaceptables e intolerables las infundadas acusaciones en su contra por un poder viciado por la antidemocracia.

Es justo ante el Poder Judicial de la Federación en donde una ciudadanía consciente y patriota (denostada desde el púlpito presidencial) se organiza en civilizada y pacífica protesta contra la antipolítica y la antidemocracia, al tiempo que expresa su confianza y su fe en la decisión jurisdiccional, como sucedió el pasado domingo. No se trataba de llenar con números el Zócalo, se trataba de que miles de mexicanos fueran escuchados en pleno ejercicio de su derecho a manifestarse.

Mexicanos preocupados por la antidemocracia y el profundo trastocamiento de una gobernanza de yerros, de una demagogia que polariza y destruye los procesos democratizadores apenas alcanzados.

Una sociedad que quiere ser escuchada por quien cumple y hace cumplir la Constitución, la división social propagada sin recato no logró minar la decisión de gran parte de los mexicanos que merecen y deben ser escuchados.

Manifestaciones ciudadanas que propugnan unión y expresan su desacuerdo por la antipolítica beligerante, que promueve la desconfianza a las instituciones desprestigiándolas, a la par de personas e inhibiendo la pluralidad con un autoritarismo fundamentalista que no oculta misoginia, xenofobia, nacionalismo hipócrita que provoca un gran alteración social.

El pueblo mexicano, en ejercicio de sus derechos y de sus libertades, busca ser escuchado por la justicia para que prevalezca el imperio de la ley.

Este es el objetivo de las manifestaciones del domingo pasado.

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