Au revoir y gracias siempre

La vida está llena de ciclos y de etapas, en especial la de un político. La mía se ha definido los últimos 24 años por legislaturas locales y federales. Cada una ha representado un nuevo reto y diferente. A veces como partido en el gobierno y a veces desde la ...

La vida está llena de ciclos y de etapas, en especial la de un político. La mía se ha definido los últimos 24 años por legislaturas locales y federales. Cada una ha representado un nuevo reto y diferente. A veces como partido en el gobierno y a veces desde la oposición. Los únicos factores permanentes han sido mi amor a mi país, mi ciudad y mi compromiso inquebrantable de defender lo que creo y pienso sin temor y sin caer en el lugar común, y habitualmente mediocre, de lo políticamente correcto.

Hace casi 20 años Pascal Beltrán del Río me invitó a ser una voz que expresara una visión del acontecer del aún Distrito Federal, desde entonces he atesorado la oportunidad en una ciudad que no ha tenido alternancia política en todo lo que va del presente siglo, de exponer otra alternativa, otra visión, otro proyecto. Crítico de los errores, abusos y mediocridades de los diferentes gobiernos; pero también objetivo y sensato en el reconocimiento de aciertos cuando los hubo.

Hoy, la vida, mi partido, pero sobre todo los electores, me han conferido una nueva responsabilidad en un nuevo ciclo legislativo como diputado federal por Benito Juárez por tercera ocasión. La fragilidad de nuestra democracia e instituciones frente a Morena, como el cáncer de nuestra democracia, no se pueden enfrentar con miedo y sin entender que ser oposición en México tiene ahora consecuencias nunca antes vistas en este siglo.

Por eso ahora quiero agradecer y despedirme de este espacio de encuentro con los temas locales y la opinión de todos los lectores de Excélsior, a quienes les agradezco sus críticas constructivas y el tiempo que durante estas dos décadas le brindaron a este humilde espacio de reflexión capitalina. Por supuesto que seguiré atento y fiscalizando el gobierno de Clara Brugada, ahora y siempre, sólo que ya no desde este espacio.

La ciudad necesita, como faro de modernidad y pluralidad en el país, de voces críticas que reflejan su pluralidad, su diversidad ideológica y su riqueza social y de pensamiento. Si alguna entidad por excelencia se ha distinguido por no tener una cosmovisión monolítica y perene, sino cambiante y siempre a la vanguardia es la CDMX y eso se debe reflejar siempre en todos los espacios, en especial en un diario tan prestigiado como éste y sé que así seguirá siendo, jamás –no importa cuánto lo anhele y suspire Morena– seremos una mala copia de La Habana o Hanói.

NUESTRA ciudad es la más resiliente ante los esfuerzos pueriles de imposiciones de pensamiento único de aquellos regímenes que en su fragilidad suelen optar por tratar de callar al que piensa diferente, pues se asumen política e intelectualmente incapaces de escuchar y sostener un diálogo con aquel que los cuestione o piense de otra forma.

Me quedo con los recuerdos, con los momentos que tanto disfruté al pensar y escoger el tema que semanalmente compartía con todos ustedes como quien saborea desde el antojo previo una buena taza de café para empezar el día. Me llevo el aprendizaje y formación personal para poner en orden mis ideas y argumentarlas, que mucho ha servido para mis debates en tribuna. Gracias a Excélsior, a ustedes y en especial a Pascal Beltrán del Río por la oportunidad, quien JAMÁS me censuró una sola sílaba, hasta la próxima.

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