Cumplirle al pueblo
El ciudadano ya está harto de la impunidad, está cansado de la omisión de las autoridades, decepcionado de la corrupción de sus gobernantes. Ya no cree.
Seguridad. Ésta es la demanda principal. Es la preocupación número uno de quienes vivimos aquí en México. Es una de las causas por las que se castigó a los partidos en las urnas y se depositó esa exigencia a un movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador.
Tranquilidad. Éste es el anhelo de un ciudadano común y corriente que todos los días construye un país con sus acciones, con su aportación laboral, académica o científica; que sale a trabajar, a buscar un ingreso económico que le permita tener una mejor calidad de vida; que paga sus impuestos y los servicios que utiliza; que se hace cargo de la célula de la sociedad: su familia.
Y a esa familia y a este ciudadano (que puede ser usted o yo) lo acechan la inseguridad, el crimen, la violencia. Así no hay paz, no hay seguridad, no hay justicia.
El ciudadano ya está harto de la impunidad, está cansado de la omisión de las autoridades, decepcionado de la corrupción de sus gobernantes. Ya no cree. Son alarmantes los casos e intentos de linchamientos que hemos visto en las últimas semanas en diversos lugares del país. Esos actos de barbarie, de tomar la justicia por propia mano, son la evidencia de un pueblo desesperado. ¿En serio no lo ven así las autoridades? ¿En verdad están tan rebasadas? O lo peor, ¿no les importa?
Los hechos que demuestran la inseguridad en el país están a la vista, se viven a diario y se publican en los medios.
Ya no se puede caminar tranquilo por las calles ni tomar un transporte público, ni reunirse con amigos o familia en una cafetería, taquería o centro comercial sin tener temor a ser asaltado. Ya no se puede manejar en carretera con tranquilidad porque existe la posibilidad de ser interceptado por un “comando”. Ya no puedes poner un negocio familiar pequeño (una microempresa dirían los tecnócratas), porque sabes que te cobrarán derecho de piso, tanto los criminales como los corruptos empleados de una delegación o municipio que te piden la cuota. Ya no contestas el teléfono de un número desconocido por la angustia de ser extorsionado...
No necesitaría mostrar las cifras de la inseguridad, porque de lo que les digo hay evidencia en las calles y en cada charla familiar o entre amigos. Seguramente, en estos momentos está recordando un episodio desagradable relacionado con la delincuencia, pero es necesario demostrar los números.
La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2018 demostró que el año pasado 25.4 millones de personas fueron víctimas de algún delito, y en 35.6% de los hogares del país hubo al menos una víctima de delito.
Las entidades donde ocurrieron más delitos por cada 100,000 habitantes fueron: CDMX con 68,954 actos delictivos; Edomex con 65,381, y Morelos con 48,528.
Los delitos con mayor tasa de prevalencia por cada 100,000 habitantes fueron: robo o asalto en calle o transporte público 11,081; extorsión 7,719; fraude 5,341; robo total o parcial de vehículo 4,489; amenazas verbales 3,323.
En 2017 se cometieron 9.5 millones de robos o asaltos en la calle o en el transporte público y, en 68% de estos casos, lo robado fue dinero, tarjetas de crédito o cheques, mientras que en 51.2%, teléfonos celulares.
Nuestra compañera reportera Erika de la Luz recopiló los datos de la inseguridad para publicar un ABC que nos permita estar alertas y evitar, en lo posible, un asalto (Excélsior 6 de octubre); y en ese trabajo encontró que a nivel nacional se registraron 80,319 secuestros a algún integrante del hogar, con 72,645 víctimas.
El viernes 5 de octubre, Leticia Robles de la Rosa dio a conocer (también en estas páginas) un estudio del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) en el que se evidencia que cada año 3.7 millones de llamadas vía celular salen de siete penales estatales y federales para realizar alguna extorsión a ciudadanos.
Ser víctima de un delito impacta también en pérdidas económicas (299,000 millones de pesos, es decir, 1.65% del PIB), no sólo se pierde lo robado, sino que hay gastos extras como los que se destinan a la prevención (cambio de cerraduras, puertas, ventanas, tomar taxi) y los relacionados con los daños en la salud.
Ahí está el diagnóstico. ¿Cuál es el compromiso del próximo gobierno federal? ¿Cuáles serán las acciones que tomarán las autoridades y representantes populares elegidos el pasado 1 de julio? ¿Qué significa restaurar el Estado de derecho, y cómo lo harán?
El pueblo bueno quiere seguridad y tranquilidad. Vivir en paz, sin miedo. 30 millones de mexicanos votaron por el cambio, y hoy hay documentadas 25.4 millones de víctimas de delitos.
Twitter: @Fabiguarneros
