Caín y la primavera morada
Año veinte del tercer milenio Una pandemia confinó a la humanidad Las costuras del sistema Muestran su fragilidad No es la catástrofe, es su ensayo general… Esa es la primera estrofa de La estirpe de Caín, la nueva canción de Miguel Ríos y su banda The Black ...
Año veinte del tercer milenio
Una pandemia confinó a la humanidad
Las costuras del sistema
Muestran su fragilidad
No es la catástrofe, es su ensayo general…
Esa es la primera estrofa de La estirpe de Caín, la nueva canción de Miguel Ríos y su banda The Black Betty Trio. La letra narra las tragedias y los dolores que nacieron con la pandemia, las desigualdades que se agudizaron con el virus y las cuentas pendientes que los sistemas económicos y gobiernos tienen con los sectores vulnerables: los niños, las mujeres, los migrantes, los pobres.
Las estrofas podrían retratar perfectamente a España, Francia, Inglaterra, Turquía, Nigeria, Chile, Venezuela, Estados Unidos o México:
“En los barrios, las colas del hambre
Hay ricos en Mercedes que gritan libertad…”.
En el video, Miguel Ríos canta y toca la guitarra dentro de un autobús. Va solo y está sentado en la última fila, en medio. Por las ventanas se ven las imágenes de nuestro tiempo: hombres enfundados en trajes plásticos de color blanco, con caretas y guantes que rocían desinfectante en las calles; avenidas vacías, locales cerrados, establecimientos y departamentos con los letreros “en renta”; hospitales saturados e instalaciones médicas móviles, camillas con enfermos, personal de salud en la primera fila de batalla, rostros con caretas y cubrebocas, músicos con las cajas de instrumentos cerradas; filas de personas esperando una ración de comida, voluntarios entregando alimentos; protestas, marchas, imágenes de la polarización, del discurso de odio y del racismo; incendios, ecosistemas dañados y contaminados; muertos, féretros…
El paisaje que se revela por esas ventanas está en blanco y negro, con algunos destellos de color que identifican las batallas ciudadanas. Ahí está el morado de marzo.
“Sin nosotras se para el mundo”. “Ni una menos”, se lee en los carteles que pasan rápidamente por los vidrios de ese camión que lleva a Ríos por la ruta de Caín.
La pandemia por covid-19 no le ha dado tregua a nadie, pero el confinamiento ha puesto en riesgo a las mujeres, niñas y adolescentes que son violentadas ahora en sus casas, en los lugares donde debieran estar protegidas.
La violencia contra las mujeres no sólo es doméstica o familiar ni se manifiesta exclusivamente con golpes, maltratos físicos o sexuales. Tengamos presente las otras formas: sicológica, patrimonial, económica y política.
La recién aprobada Ley Olimpia reconoce y penaliza dos formas más de violencia contra la mujer: la digital y la mediática. Se castigará hasta con nueve años de prisión a parejas, exparejas o amigos que violen la intimidad sexual de otra persona al divulgar, compartir, distribuir o publicar en redes imágenes, videos o audios de contenido íntimo sexual, sin su consentimiento.
Se crea el concepto de violencia mediática, que es “todo acto a través de cualquier medio de comunicación, que de manera directa o indirecta, promueva estereotipos sexistas, haga apología de la violencia contra las mujeres y las niñas, produzca o permita la producción y difusión de discursos de odio”.
Activistas, legisladoras, consejeras electorales, todas hemos avanzado exigiendo derechos que combaten la violencia política y que el INE ha recogido en lineamientos recientes, como el 3 de 3 contra la violencia, que pide a los partidos políticos solicite a los aspirantes a una candidatura la firma de un formato, de buena fe y bajo protesta de decir verdad, en el cual se establezca que no tienen ninguna condena o sanción por violencia familiar o doméstica, por delitos sexuales y no es un deudor de pensión alimenticia; o el que obliga a postular al menos siete candidatas a gobernadoras en las 15 entidades que tendrán elecciones el próximo año.
Un dato nada más sobre la violencia política (sin entrar al detalle en el tema de los recursos para campaña, en el pichicateo de las candidaturas o la misoginia en los partidos políticos): De acuerdo con un estudio del INE, durante el proceso electoral de 2018 se ubicaron en las redes sociales mensajes abiertamente violentos contra las candidatas o funcionarias. 78% de esos mensajes incluían roles estereotipados sobre las mujeres y, en 3 de cada 10 mensajes se les mostraba como objetos sexuales.
Los paliacates violetas o verdes de las mujeres se ven, las voces de sus portadoras se escuchan. Aún hay que gritar más fuerte para que se respeten plenamente los derechos, pero la primavera morada tiñó las calles, sacudió, Miguel Ríos lo vio y plasmó en su lírica.
