Ana María fue víctima de feminicidio el 12 de septiembre de 2023 por su exnovio... Las señales estuvieron presentes, pero no fueron detectadas a tiempo por su círculo más cercano. Sus amigas, amigos y maestras tampoco supieron qué hacer, no contaban con herramientas para actuar.
En México, la normalización de la violencia ha echado raíces en el salón de clases, el lugar donde nuestras niñas y adolescentes deberían sentirse más seguras.
Siete de cada diez mujeres de 15 años o más han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja, pero lo más alarmante no es la agresión, sino el silencio que la rodea. Sólo 13.6% de ellas se atrevió a acudir a una autoridad o institución.
¿Por qué callan? Porque desde pequeñas les hemos enseñado, por omisión o por costumbre, que el control es interés y que los celos son una prueba de amor.
¿Cuáles son esas señales que nos debieran poner alerta? Alejamiento de la familia; sensación persistente de malestar, ansiedad o cambios en el estado de ánimo; miedo a expresar gustos u opiniones; recibir burlas, humillaciones o menosprecio; celos extremos, vigilancia del teléfono y de las redes sociales; exigencias de ubicación en tiempo real; destrucción de objetos; jaloneos, golpes, relaciones sexuales no consentidas o bajo intoxicación; difusión o amenaza de difusión de fotos o videos íntimos que ponen en riesgo la vida.
En los pasillos de las secundarias y preparatorias se gestan tragedias que podrían evitarse. Según los registros, 32.3% ha vivido violencia (psicológica, física o sexual) durante su trayectoria escolar, siendo los compañeros de clase los principales agresores. Sí, en un entorno donde se supone que van a formarse como ciudadanas libres.
¿Cómo le explicamos a una adolescente de 14 años que su novio no tiene derecho a pedirle la contraseña de su Instagram? ¿Cómo le decimos que el “me enojo si sales con tus amigas” no es una prueba de amor, sino un síntoma de posesión?
La Fundación Naná y Mexicanos Primero lanzaron un paquete de herramientas basado en el estudio Violencia en el noviazgo desde la perspectiva escolar, que identifica a la escuela como un espacio clave donde conductas de control y agresión se normalizan desde edades tempranas.
Produjeron un video informativo que explica las señales de alerta y contiene un test que ayuda a identificar si una relación presenta patrones de violencia. Además, diseñaron un botiquín de apoyo con lenguaje accesible para las jóvenes, que ofrece una guía paso a paso para buscar ayuda en caso de estar en una relación violenta.
Estas acciones surgieron con la historia de Ana María y del compromiso de su madre, Ximena, para detectar y prevenir la violencia en el noviazgo y atender a tiempo a quienes la sufren. Es la transformación del dolor individual en una red de protección colectiva, algo que el Estado mexicano ha quedado a deber de forma sistemática.
Pero la violencia no sólo se manifiesta en la pareja. Hay otra que camina de la mano y que suele pasar desapercibida bajo el manto de la “camaradería” juvenil, se trata de la violencia en la amistad y se está dando también en los contextos escolares.
Si tu amiga te condiciona el habla, sientes que te utiliza, te pide que hagas cosas que no te gustan, se enoja contigo constantemente, se burla, te humilla o simplemente tienes que fingir para encajar: NO ES TU AMIGA.
El tejido social reproduce esquemas de exclusión y maltrato en todos los niveles de interacción. ¿Qué estamos enseñando en casa cuando validamos la burla hacia el otro para “pertenecer”? ¿Qué estamos permitiendo en los salones de clase cuando el docente ignora el bullying o la humillación entre compañeras?
Estas también son las nuevas luchas feministas que debemos abanderar. Un feminismo que no sólo mire hacia el techo de cristal o hacia las grandes reformas legislativas, sino que baje al patio de recreo, que se siente en las bancas de la escuela y que dote a las niñas de la capacidad de decir “no” tanto a un novio agresivo como a una amiga manipuladora.
La prevención es la única vía para que el nombre de Ana María, y el de tantas otras, no termine siendo sólo una ficha en una fiscalía, sino el motor de una educación que realmente libere y proteja.
