Por: Marisol Escárcega
Por las que ya no están, luchamos por ustedes.
Esta carta es para ti. Sí, para ti que no te identificas con el feminismo, que sientes que quienes salimos a las calles o nos pintamos el pelo de morado o intervenimos monumentos y paredes o rompemos vidrios estamos locas de atar.
No, no necesitas ser feminista y, aun si lo sientes, no tienes por qué hacer lo que nosotras este 8 de marzo.
No necesitas ir a marchar ni hacer pancartas o carteles donde escribas lo que sientes, lo que deseas, lo que esperas del mundo. Tampoco necesitas vestirte de morado y/o verde ni portar pañuelos o playeras con consigas.
No necesitas ser activista, pertenecer a una colectiva de mujeres ni dar talleres o realizar labor de calle. No necesitas estar de acuerdo con nosotras ni necesitas darnos las gracias por pelear por los derechos de todas.
No somos un partido político, así que no tienes que reclutar a nadie. Tampoco somos una religión; no tienes que aprenderte un credo o mandamientos. No necesitas salvar al mundo (aunque ya lo hagas).
Sé que muchas veces te hartamos con tanta cantaleta, con el “nos queremos vivas”, pero es que sí nos queremos vivas. Te queremos viva, porque en nuestro país, cada día 11 mujeres son asesinadas.
Sé que consideras que nos pasamos en las marchas. Te entiendo. No te juzgo, créeme. Yo también pensé lo mismo… hasta que entendí a las madres de más de 131 mil personas desaparecidas en el país.
Sé que piensas que salir a las calles no soluciona nada, pero ahí tienes todas esas leyes que se consiguieron siendo revoltosas y que ahora actúan en nuestro beneficio. Habla con la madre de Fátima o la de Alejandra, que consiguieron justicia para sus hijas asesinadas.
Pregúntale a Karla cómo logró que su exmaestro fuera detenido por acoso o cómo Julia pudo salir de esa relación violenta de cinco años.
Pero, ¡qué te digo!, eres mujer, sabes lo que significa en un mundo como éste. No, no te revictimizo, en realidad nos describo. Somos resilientes. Sí, lo somos.
Sobrevivimos a un mundo del que tenemos que arrebatar y hacer valer lo que por derecho nos pertenece: ser libres.
Sobreviviste al abuso sexual en casa. Sobreviviste a ser madre autónoma sin red de apoyo para cuidar a tus hij@s. Sobreviviste a un intento de feminicidio. Sobreviviste a la violencia vicaria de parte de tu expareja. Sobreviviste a la tortura y al tráfico sexual. Sobreviviste a un embarazo forzado porque en tu comunidad no te permitieron abortar.
¿Aún crees que no haces nada? Tú eres la razón por la que muchas gritamos en las marchas. Tú también caminas con nosotras. Tú también sostienes esta lucha. Tu existes, porque resistes.
Estudias, trabajas para ti, para tus padres, para tus hij@s. Tú cuidas, haces tareas, explicas, aprendes (otra vez), bañas, escribes, cuentas cuentos. Inventas recetas, proteges, das consejos, bailas, lloras con alguien, abrazas, amas. Das mucho, a veces mucho más...
Tú, querida, no necesitas estar afuera “incomodando” a nadie. Tú eres la razón por la que alguien sonríe cuando te ve llegar a salvo a casa. Tu ternura en un mundo tan violento es resistencia, es revolución, es subversión.
Sé que no confías en que somos una hermandad, que nuestra sororidad puede arroparte cuando te sientas sola o que es mentira que “la peor enemiga de una mujer es otra mujer”, pero quiero decirte algo: cuando te sientas segura de caminar con nosotras, de tomar una pancarta o un cartel que exprese toda tu digna rabia, cuando consideres que necesitas hablar con otra mujer de eso que no te animas a contarle a nadie, cuando sientas que el 8 de marzo no es una fecha cualquiera… eres bienvenida. Mientras tanto, gracias por resistir.
