Rébsamen

Si México fuera una nación que verdaderamente honrara como se debe a sus héroes, este año deberíamos haber estado celebrando los 160 años del natalicio de Enrique C. Rébsamen, uno de sus próceres educativos, cuyo nombre no merece estar asociado con las prácticas ...

Si México fuera una nación que verdaderamente honrara como se debe a sus héroes, este año deberíamos haber estado celebrando los 160 años del natalicio de Enrique C. Rébsamen, uno de sus próceres educativos, cuyo nombre no merece estar asociado con las prácticas deleznables cometidas por un colegio que llevó su nombre.

Vale la pena reivindicar la memoria de este hombre, y para ello recurro a la ficha biográfica que sobre él escribió el profesor Ernesto Meneses Morales en el libro Tendencias educativas oficiales en México: 1821-1911. La problemática de la educación mexicana en el siglo XIX y principios del siglo XX, editado por Porrúa en 1983.

Rébsamen nació en la aldea suiza de Kreuzlingen en 1857.  Con formación en pedagogía ejercida en Alemania, Inglaterra y Francia, llegó a México a los 26 años. Primero estuvo en León, Guanajuato, donde tuvo conflictos con la iglesia local por sus ideas liberales, por lo que emigró a la capital del país. Recomendado por el escritor Ignacio Manuel Altamirano con el presidente Porfirio Díaz, Rébsamen aplicó su conocimiento en Veracruz.

Descrito como un hombre de trato amable, abierto al diálogo con expertos de distintas tendencias, Rébsamen dio relieve a la influencia que ejerce el medio circundante sobre la formación de los niños; por lo tanto, subrayó que tanto el hogar como la escuela deben contribuir a su desarrollo físico, intelectual y moral. Y para poner en práctica sus teorías, se empeñó en conocer en profundidad la realidad mexicana.

De acuerdo con el profesor Meneses Morales, Rébsamen destacó la importancia de la educación moral y la distinguió de la mera instrucción intelectual.  Elaboró planes de estudio que no eran simple copia de los europeos, sino que se alimentaban del conocimiento de sus colegas en México y de las características que observó en el país.

Y así lo refiere textualmente: “El maestro suizo comparaba el papel de agricultor con el de educador. Como aquél debe conocer tanto la semilla como el terreno, así el educador, deseoso de sembrar en el tierno corazón de los niños, necesita conocer la naturaleza humana en general y las disposiciones de cada niño en particular”. 

Es notable la forma como Rébsamen recomendaba que se enseñara la historia:

“Conviene ante todo preparar cuidadosamente cada clase con el fin de que cada maestro pueda hablar durante cinco o diez minutos, preparación que incluye ordenar —por escrito, si es posible— los diferentes puntos sobre los cuales hablará, evitando ponerse al servicio de determinado partido político. Sea imparcial su posición y sirva de modelo de tolerancia (...) que proceda con escrupuloso respeto por la libertad de conciencia”.

Todo esto, por medio de una narración magisterial “intuitiva, viva y animada, de suerte que despierte en los niños percepciones tan claras como si a la vista tuviesen los personajes” (en este punto es inevitable preguntarse si hay algún maestro de la CNTE que siga al pie de la letra esta metodología).

En síntesis, Rébsamen fue claro en que el deber del educador era desarrollar las capacidades físicas, intelectuales, éticas y estéticas en el mayor grado posible. “Entonces el niño, al llegar a hombre, será capaz de escoger mejor”. No en balde, Altamirano lo llegó a considerar “el único pedagogo verdadero que tenemos”.

Meneses Morales cuenta al final que Rébsamen fue identificado ideológicamente como parte del Porfiriato y, por tanto, su doctrina fue sustituida por una pedagogía coherente con los valores de la Revolución Mexicana. Sin embargo, la solidez de su legado motivó que escuelas y calles lleven su nombre.

A diferencia del de hace 32 años, el terremoto del pasado 19 de septiembre no derrumbó algún recinto emblemático por sí mismo, como el hotel Regis o el edificio Nuevo León de Tlatelolco.  Dos de los casos por los que se recordará el sismo de hace casi un mes están tristemente relacionados con el pedagogo suizo: el primero, el edificio colapsado en la colonia Narvarte, donde se hizo caso omiso a las advertencias vecinales de daños provocados por sismos previos, caso documentado por Excélsior el 29 de septiembre.

Y, el segundo, sí, el de la escuela famosa por muchas malas razones, que abarcan los empeños de su dueña por seguir cobrando colegiaturas después de la tragedia y sus manejos chuecos en la contratación de pólizas de seguros, anomalías reveladas también en estas páginas por la reportera Claudia Solera. Y a eso añada la pretensión de los padres de ser indemnizados con becas para sus niños que abarquen hasta la universidad, alegando el daño sicológico que sufrieron.

Con toda seguridad, esa no fue la moral con la que Rébsamen soñó que se educarían los mexicanos. Por eso urge rescatar sus enseñanzas.

                Twitter: @Fabiguarneros

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