Binomios

A cada Navidad le toca su Grinch. O lo que es lo mismo, justo cuando un acontecimiento excepcional genera admiración y unidad en torno suyo, siempre aparecen los aguafiestas. Es el caso del entusiasmo inédito que generó después del terremoto la figura del binomio ...

A cada Navidad le toca su Grinch. O lo que es lo mismo, justo cuando un acontecimiento excepcional genera admiración y unidad en torno suyo, siempre aparecen los aguafiestas.

Es el caso del entusiasmo inédito que generó después del terremoto la figura del binomio canino, integrado por un perro rescatista y su entrenador, cuyo trabajo conjunto ha salvado vidas de los escombros y, sobre todo, inspira a quienes aún creen que la humanidad tiene futuro.

Hoy conocemos varios de los nombres: Evil, Ecko, Balto, Mina, Gery, Baco... Con mucho, la más famosa es Frida, la perra labrador salvadora de decenas de personas en México y otros países, que ha sido inmortalizada en todo tipo de arte: dibujo, pintura, estambre y piñata. De pocos personajes puede decirse que desatan tal revuelo, y su condición de celebridad hace que cada día más gente la quiera y la admire.

Y como decíamos al principio, ya comienzan a expresarse en redes sociales aquellos a quienes les incomoda este fenómeno. Ya sea criticando el hecho de que perros y entrenadores visiten los estudios de televisión, denunciando una supuesta “sobreexposición mediática” (que cotidianamente tiene cualquier político con un cargo), o bien recordándonos (como si no estuviéramos conscientes de ello) que los perros no actúan con una motivación heroica, sino que simplemente ejecutan una tarea para la que fueron entrenados.

Hay varios ejemplos de estos intentos por arrojar cubetazos de agua fría sobre una multitud espontáneamente entusiasta. Pero un buen ejemplo lo dio el exdelegado en Miguel Hidalgo y excity manager en esa demarcación, Arne Aus den Ruthen Haag, quien a las 14:45 horas del pasado 26 de septiembre publicó este tuit acompañado de una foto de Frida: “La nuestra, es una sociedad que prefiere admirar perritos, a discutir a fondo asuntos públicos. Luego no se extrañen de los resultados”.

Concedamos, con independencia del tono despectivo de su redacción, que la razón le asista. Efectivamente, mucho tendrá que discutirse sobre la corrupción endémica que está detrás de la caída de muchos edificios por el terremoto del 19 de septiembre y quizá el mismo Arne podría ofrecer ejemplos más contundentes de en qué consiste exactamente la frase “discutir a fondo”, que esperamos sea algo más que transmitir por Periscope.   

Pero en lo que sí se equivoca rotundamente es en despreciar la tarea de los perros rescatistas y sus entrenadores, reduciéndolo a un mero asunto afectivo o de moda pasajera. Como hemos documentado varios medios, detrás de cada binomio canino hay una preparación especializada y rigurosa. Para decirlo con todas sus letras: no estamos hablando del culto a pasajeras estrellas del espectáculo, sino de la admiración genuina de la sociedad a profesionistas disciplinados con sólida formación científica. No todos los días hay noticias como ésta.

Justo minutos antes de que Arne publicara su tuit, tuve la oportunidad de participar en el programa Punto y Coma de Excélsior Televisión, en el que entrevistamos a Julio Velázquez, jefe del Departamento de Atención a Emergencias de la UNAM y responsable de la unidad canina de rescate.

El especialista explicó al auditorio que la formación de un perro rescatista se lleva alrededor de dos años (la mitad de una licenciatura humana, podría decirse) y el “aspirante” debe aprobar una certificación que compruebe su aptitud. Una regla que se aplica estrictamente para garantizar el éxito en tan delicada tarea, sobre todo porque deben cumplirse estándares internacionales.  

Vale la pena consignar que la experiencia mexicana en esta materia data justo de 1985, cuando nuestro país carecía de equipos caninos, los cuales tuvieron que llegar de Italia o Estados Unidos. Como bien apuntó nuestro invitado, la Universidad tomó nota de esta carencia y comenzó a trabajar para resolverla. Los resultados están a la vista: planeación, buena preparación técnica y constancia ya dieron sus frutos, y ahora México está a la altura de otras naciones en personal humano y perruno preparado para salvar vidas.  

Pero el concepto más importante que compartió Julio Velázquez es el significado de la palabra binomio, que puede resumirse en dos sencillas palabras: “formar equipo”. Frase a la que no está acostumbrada la clase política que pretende “discutir a fondo”, pero que en el fondo sólo hace binomio con su propio protagonismo.

                Twitter: @Fabiguarneros

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