Cuotas

Todo parece indicar que la reforma hacendaria es el parámetro de hasta dónde llegarán los cambios estructurales que requiere el país. Lejos de ser profundos y llegar a la raíz de los problemas, atacarán cuestiones superficiales en espera de supuestas mejores ...

Todo parece indicar que la reforma hacendaria es el parámetro de hasta dónde llegarán los cambios estructurales que requiere el país. Lejos de ser profundos y llegar a la raíz de los problemas, atacarán cuestiones superficiales en espera de (supuestas) mejores condiciones. No extraña que ese mismo derrotero siga la reforma energética, en la que la polarización es mucho más previsible. Lo novedoso es que también en materia político-electoral habrá una reforma light que, paradójicamente, no contribuirá a adelgazar el de por sí abultado gasto electoral.

Excélsior marcó agenda desde el domingo pasado al revelar las diferencias surgidas entre los partidos por la creación del Instituto Nacional Electoral (INE) que, de acuerdo con lo negociado en el Pacto por México, significaría la transformación del actual Instituto Federal Electoral (IFE) y la desaparición de los institutos electorales locales, una medida que pretende reducir el presunto control que ejercen los gobernadores en los comicios estatales y, sobre todo, reducir el gasto en esta materia.

Al día siguiente, El Periódico de la Vida Nacional dio a conocer que al menos 17 congresos locales están en contra de la propuesta; el dato es relevante porque significaría que, en principio, no se cuenta con el número mínimo de congresos en el país para avalar una reforma constitucional que emergiera del Poder Legislativo federal.

Se trata, nuevamente, del parto de los montes. Ante la dificultad de hallar un consenso, los partidos políticos ya están explorando una alternativa de reforma que no implique la desaparición de los institutos estatales, en la que el INE sea el que designe a los consejeros locales. Se argumenta que de esa forma no se vulneraría el federalismo y se le restaría poder a los gobernadores de manipular a su conveniencia los comicios. Lo que no parece rescatarse ya, es la idea de reducir costos.

De nueva cuenta, el problema es de cuotas. Aunque su alegato formal sea contra el centralismo, lo cierto es que todos los partidos aprovechan el hecho de que ser gobierno en algunas entidades les ha ayudado a retener el poder, y que este factor no fue tomado en cuenta por los dirigentes de los partidos que acordaron la creación del INE en el contexto del Pacto por México.

La reacción de los congresos estatales es síntoma de que esta propuesta no fue “planchada” (como se dice en el argot político) con los representantes de las fuerzas políticas en los estados, y era previsible que éstas reaccionaran negativamente ante la posibilidad de que les quiten ese coto.

El problema de fondo es el dinero. El control de los procesos electorales en los estados significa el manejo de millones de pesos, a los que no se piensa renunciar tan fácilmente. La experiencia habla: un estudio de la consultoría Integralia, que encabeza Luis Carlos Ugalde, ex consejero presidente del IFE, revela que de 2006 a 2012 se incrementó el gasto electoral, a pesar de que en 2007 se procesó una reforma que buscaba precisamente reducir el costo de la democracia.

Y justo es en las entidades de la República donde más notorio fue el aumento de esta erogación que pasó de ocho mil 69 millones  de pesos en 2006 a nueve mil 675 millones en 2012, esto es un alza de 20 por ciento. Tan sólo en una parte del eslabón, en los institutos estatales electorales —cuya desaparición está ahora en veremos— es más evidente la voracidad de recursos públicos: en el primer año del sexenio pasado consumieron cuatro mil 929 millones de pesos, y en el último la cifra subió a cinco mil 816 millones, esto es, 18 por ciento. ¿De veras querrán los partidos políticos renunciar a la minita de oro que representan los órganos electorales locales?

Atrapados como están en la necesidad de aprobar una reforma política para dar paso a la energética, los partidos se plantean ahora crear un INE descafeinado, que no sería más que el IFE actual que, recordemos, opera como un órgano incompleto por la incapacidad de los partidos para completar su integración.

He aquí otra variante de la cuota partidista. El principal daño que se le hizo al instituto fue despojarlo de su carácter ciudadano y convertirlo en moneda de cambio para la negociación política, en la que los partidos presionan para nombrar consejeros afines a sus ideologías y en los que se ha llegado al extremo de violar los plazos legales para la designación sin recato ni pudor alguno. Ahora mismo hay cinco vacantes y no nos extrañe ver de nueva cuenta los jaloneos entre los partidos para imponer, como si de militantes se tratara, a los personajes que mejor creen que defenderán sus intereses.

De manera conveniente, una versión periodística en EU sobre un presunto acuerdo del gobierno y el PAN para ampliar la reforma energética dio pretexto al PRD para levantarse de la mesa político-electoral, una maniobra que suena más a una estratagema para negociar posiciones y consensuar reformas a modo que le permitan al Pacto por México mantener ese peculiar sistema de cuotas tripartidista, en la que cada partido se lleva su tajada del pastel.

DM

El IFE interpuso una denuncia ante la PGR por la difusión en una página de internet de los datos contenidos en el padrón electoral. Sí, en la página “buscadatos.com” está toda la información (nombre, dirección, edad, fecha de nacimiento, sexo, RFC, CURP, número de elector, ocupación) de usted, mía y de su vecino estimado lector. Se trata de que alguien vendió el padrón electoral que tiene bajo su resguardo el IFE. Esta es la tercera vez que pasa, en 2003 una empresa mexicana ¡que tenía el padrón! se lo vendió a una de Estados Unidos (caso Choice Point). Los detenidos salieron bajo fianza. La segunda ocasión fue este año, cuando la información del padrón se podía comprar en Tepito. Ya basta de burlas y de negociar con información delicada. No se vale.

                Twitter: @Fabiguarneros

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