Trump congela ayuda al exterior
Emblemático de la gravedad implicada en este repentino congelamiento de fondos es el caso de Siria, país que desde 2011 ha estado sumido en una guerra civil que ha dejado un saldo de medio millón de muertos y ha lanzado al exilio a más de 5 millones de sus habitantes.
La andanada de decretos intempestivos del presidente Donald Trump incluye la decisión de pausar, al menos por 90 días, la ayuda que tradicionalmente Estados Unidos proporciona a cerca de cien naciones a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). En el año fiscal 2023, USAID erogó 38 billones de dólares, menos de 1% del presupuesto total federal, en apoyos ante desastres, reducción de la pobreza, prevención de enfermedades y diversos programas humanitarios más. La mayoría de tales acciones eran dadas en subcontratación a organismos y grupos gubernamentales y privados que se encargaban de la tarea de hacer efectivos tales apoyos en beneficio de poblaciones vulnerables. Incluso parte de esos fondos llegaban a México y eran canalizados a través de diversas instancias, algunas de ellas oficiales.
La periodista Peniley Ramírez expuso hace una semana en su columna titulada El gran donador, en el diario Reforma, los efectos devastadores que estaba teniendo para México tal congelamiento de fondos: una cascada de despidos masivos de trabajadores encargados del manejo y distribución de la ayuda que en 2023 fue de 230 millones de dólares destinados a protección del medio ambiente, ayuda a migrantes, investigación de corrupción, búsqueda de desaparecidos y prevención de delitos, entre muchos otros rubros. Los activistas en esos campos califican la situación derivada de la orden de Trump como catastrófica, según lo reporta Ramírez.
Es evidente que, de acuerdo con la fortaleza o la fragilidad de las naciones receptoras de la ayuda estadunidense, la decisión de Trump resulta menos o más grave. Países africanos o de Oriente Medio golpeados por guerras continuas, desastres naturales, epidemias y hambrunas constantes, sufren el actual corte de fondos como la puntilla que acabará con cualquier esperanza de paliar, aunque sea un poco, las muchas desgracias que padecen.
Emblemático de la gravedad implicada en este repentino congelamiento de fondos es el caso de Siria, país que desde 2011 ha estado sumido en una guerra civil que ha dejado un saldo de medio millón de muertos y ha lanzado al exilio a más de 5 millones de sus habitantes. Aún en pie, a pesar de la devastación está, por ejemplo, el Hospital Central de Idlib, el cual da atención gratuita a 7 mil 100 pacientes mensuales. Se trata de uno de los 12 hospitales sirios operados por la Syrian American Medical Society (SAMS). A él recurren pacientes desde zonas alejadas, ya que se trata de uno de los pocos centros hospitalarios que cuenta con equipo médico suficiente y personal especializado. Ahora, esos médicos y enfermeras que han sobrevivido a los bombardeos sistemáticos enfrentan la nueva amenaza de quedarse sin los recursos mínimamente necesarios para seguir trabajando.
Los médicos al cargo temen una verdadera catástrofe sanitaria ya que, de por sí, se calcula que 90% de la población siria vive por debajo de la línea de la pobreza. Entre las áreas que ya entraron en crisis está, por ejemplo, la de las cirugías, sin contar con el previsible desabasto de medicamentos, en especial los necesarios para tratar la tuberculosis, que es prevalente en el norte de Siria y tiene una tasa de mortalidad de 50% cuando no es tratada.
Para completar el cuadro crítico está también la orden ejecutiva de Trump de sacar a su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo cual implica una sensible reducción de los fondos en manos de esa organización y, por tanto, un hueco más en las finanzas de las instituciones hospitalarias que recibían recursos de ella. Casi de inmediato, la OMS ha anunciado que los programas de tratamiento de sida en 50 naciones han quedado en pausa por la carencia de recursos. Ante la crisis tan severa que se está gestando, ¿hay posibilidad de que el flujo de ayuda se reanude pronto? Un juez federal ordenó a la administración de Trump dar marcha atrás en su decisión, argumentando que la Casa Blanca no ha explicado satisfactoriamente el porqué del congelamiento de fondos que previamente habían sido aprobados por el Congreso. Habrá que ver si Trump, quien encuentra la manera, casi siempre, de salirse con la suya, acata la orden del juez.
