El misterio de Mojtaba Jamenei

Esther Shabot

Esther Shabot

Editorial

El líder supremo de Irán durante 37 años, Ali Jamenei, fue eliminado en el primer día de la guerra emprendida por Estados Unidos e Irán a fines de febrero pasado. Desde entonces el régimen de Teherán anunció que el mando del país quedaba en manos de su hijo, Mojtaba, pero ya han transcurrido casi siete meses desde entonces sin que su imagen y su voz hayan aparecido en vivo para dirigirse a la nación. El régimen, mayormente en manos ahora del Cuerpo de Guardias Revolucionarios, anuncia lo que presuntamente Mojtaba decide u opina, sin que aparezca él mismo. Nunca hubo escena alguna que corroborara su toma del bastón de mando del país y desde entonces su existencia y ubicación han sido un misterio. Por lo demás, era sabido que, a pesar de las cualidades que ahora le atribuyen quienes en realidad gobiernan, Mojtaba no contaba con experiencia política relevante ni tampoco con prestigio especial en el ámbito religioso. De hecho, dentro de la ideología política del régimen la sucesión dinástica no era bien vista y, sin embargo, en el momento de la repentina desaparición de Ali Jamenei, la unción de Mojtaba en ausencia, probablemente fue decidida a fin de evitar más caos.

La ausencia de Mojtaba es cada vez más difícil de justificar para los voceros del régimen. Ellos han descartado que se deba a que está herido, desfigurado o incapacitado, y afirman que son cuestiones de seguridad las que obligan al nuevo máximo líder a permanecer a la sombra. Pero mientras más tiempo pasa, más crecen las dudas entre el público acerca de su verdadera condición e, incluso, de si aún está vivo. Para contrarrestar esas dudas, se difunden constantemente en los medios declaraciones de quienes estuvieron en el pasado cerca de él, elogiando su personalidad, su moral impecable y austera, su modestia y su sapiencia, así como la gran valoración que su padre tenía de él. Le atribuyen haber sido héroe de guerra dentro del conflicto armado que Irán e Irak sostuvieron entre 1980 y 1988. Afirman dichas voces, además, que Mojtaba estaba plenamente empapado de los asuntos gubernamentales, por lo que su conducción del país en estos momentos está más que justificada.

Es significativo sin embargo, que al parecer ha sido necesario recurrir a explicaciones extraterrenales para hacer más convincente la ausencia pública de Mojtaba. Para ello se ha recurrido a una de las creencias más arraigadas en el islam chiita: la de que allá por el siglo IX desapareció misteriosamente el hijo del sagrado decimoprimer imam, quien tendría que haber sucedido a su padre, pero que ha permanecido oculto desde entonces. Y que sólo será cuando el citado decimosegundo imam se revele en calidad de redentor mesiánico o Mahdi, cuando el islam reinará sobre el mundo entero. El ocultamiento en que ha permanecido por siglos tal personaje es tomado ahora como una condición compartida por Mojtaba, lo cual tiene la intención de homologar a ambos personajes como poseedores de un halo de sacralidad que escapa a explicaciones racionales. 

¿Por cuánto tiempo podrá continuar esta situación de anunciar decisiones políticas, militares y económicas como provenientes de un máximo liderazgo misteriosamente oculto? Ante la alta probabilidad de que sea el Cuerpo de Guardias Revolucionarios quien ahora tiene las riendas del país en sus manos ¿cómo se podrá mantener el simulacro de que hay un personaje supremo como Mojtaba, quien, aun invisible e inaudible, dirige sin embargo los destinos de la nación? 

Esta semana se cumplieron cuatro años de la muerte de la joven Mahsa Amini a manos de la policía de la moral. Las multitudinarias y prolongadas manifestaciones de protesta pública por tal hecho acabaron siendo reprimidas con lujo de brutalidad, como igualmente lo fueron los levantamientos de la sociedad civil iraní a principios de este año, cuando se estima que varias decenas de miles de ciudadanos inconformes fueron asesinados, encarcelados y torturados. La mano de hierro del régimen teocrático iraní ha reprimido con toda crueldad protestas e inconformidades y ha resistido hasta el momento la ofensiva estadunidense-israelí. El mito de Mojtaba, construido de manera deliberada es, sin duda, una más de las herramientas a las que esta recurriendo dicha tiranía para mantener el control interno y poder así seguir expandiendo su utopía mesiánico-religiosa por cualquier medio, incluidos el terrorismo y las mentiras, por supuesto.

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