El mesías chiita

La ideología religiosa, base del orden instaurado por los ayatolas, contiene presupuestos y principios valorativos que chocan con los conceptos que han sido históricamente los principales pilares civilizatorios de la humanidad.

Mediante una sangrienta represión, el régimen de los ayatolas ha logrado aterrorizar a su población descontenta lo suficiente como para recuperar el control de la situación. El saldo es de decenas de miles de muertos, heridos y encarcelados. A pesar de tantas amenazas de Trump, no ha habido hasta el momento intervención militar de EU. Sin embargo, las penurias que agobian a los iraníes siguen siendo igual o peor de graves. La economía es ahora más disfuncional que nunca y las secuelas de 25 días de protestas y violencia en las calles se dejan sentir con mayor intensidad. Los apagones eléctricos y del internet han desquiciado la vida cotidiana de millones de personas que ya de por sí, aun antes de los disturbios, era un verdadero viacrucis.

Que las cosas hayan llegado a tal extremo tiene mucho que ver con la naturaleza del régimen que ha gobernado durante 47 años el país. Irán es poseedor de una historia y una cultura excepcionalmente ricas, pero no cabe duda que en nuestros tiempos, su gobierno declaradamente teocrático no puede sino operar de manera profundamente disfuncional.

La ideología religiosa, base del orden instaurado por los ayatolas, contiene presupuestos y principios valorativos que chocan con los conceptos que han sido históricamente los principales pilares civilizatorios de la humanidad.

Cuando se trata de una estructura de poder teocrática es muy fácil caer en fanatismos capaces de llegar a extremos aberrantes. La lapidación de mujeres pecadoras, el cadalso en la plaza pública para los blasfemos y la tortura para quienes se atreven a denunciar injusticias del régimen, reflejan de manera inocultable un regreso a la barbarie, un abandono total del respeto a la libertad y a la verdadera justicia.

Es interesante cómo un peculiar mesianismo islámico chiita ha formado parte del régimen iraní en determinadas etapas de su gestión. Uno de sus presidentes, impuesto desde luego por el gran ayatola Khamenei, fue Mahmoud  Ahmadinejad, quien ocupó el puesto entre 2005 y 2013. Este personaje se hallaba imbuido de la concepción tradicional chiita de que el Duodécimo Imam, último en la cadena de descendientes de Alí, primo y yerno del profeta Mahoma, llamado Muhammad al-Mahdi, desapareció misteriosamente en el horizonte histórico de la narrativa islámica. Por tanto, esa figura quedó dentro de la narrativa chiita como el Mahdi oculto, especie de mesías que debía de retornar al mundo para ser el artífice de una redención universal por la cual el islam reinaría sobre la humanidad entera y desaparecerían los no creyentes.

Ahmadinejad fue un fervoroso militante de esa teoría y, por tanto, instaló una institución oficial dedicada a investigar las señales que podían indicar cuándo sería su revelación. En un momento de su presidencia anunció que en dos años más el Imam oculto reaparecería. Él mismo declaró a los medios que durante su comparecencia en la ONU, en 2005, sintió un halo de luz divina que lo envolvía.

En su papel de iluminado radicalizó su postura contra Estados Unidos y Occidente en general, organizó en Teherán un congreso internacional de académicos para refrendar que el holocausto de los judíos a manos de los nazis nunca existió, y mantuvo vigente el proyecto de desarrollo nuclear iraní, conectándolo con su visión escatológica acera de la llegada del Mahdi.

Es cierto que la teoría del “mahdismo” no ha tenido un apoyo sostenido entre la élite clerical iraní, aunque, a fin de cuentas, muchos de sus elementos han servido a lo largo de los 47 años de vigencia del régimen para reforzar tanto sus objetivos dentro de la propia sociedad iraní, como respecto a su relación con el mundo. Al poseer el régimen la convicción típica del fanático de saberse sin duda alguna en posesión de la verdad divina, no tiene ningún reparo ni siente ninguna limitación moral para destruir a quienes se le opongan, así sean éstos sus propios ciudadanos sedientos de libertad. Mujeres y hombres valientes que están arriesgándolo todo a pesar de enfrentar a un inclemente tirano.