Diversidad de intereses de los países árabes

En noviembre de 1979, Egipto –el país fundador de la Liga– fue expulsado de ésta en razón del acuerdo de paz que acababa de firmar el presidente egipcio Sadat con Israel.

Existen en nuestro mundo 22 países que se reconocen a sí mismos como árabes en función de su etnicidad y su lengua. En ellos habitan cerca de 400 millones de personas, en su mayoría de fe musulmana, pero también minorías cristianas de distintas denominaciones y drusos. La superficie que ocupan, en  Oriente Medio y el Magreb, es de 13.6 millones de kilómetros cuadrados. Su identidad compartida hizo que en 1945 se fundara la Liga Árabe, como organización que coordinara políticas, emitiera pronunciamientos y activara para servir al bien común y mejorar las condiciones de vida de sus miembros.

Egipto fue el promotor principal de esa iniciativa, que en aquel momento agrupó sólo a siete naciones, pero que con el paso del tiempo incorporó a los 22 Estados con que cuenta hasta el día de hoy.

A lo largo de los 78 años de vida de la Liga se han registrado más de una treintena de reuniones cumbre para tratar los temas relevantes que atañen a sus miembros. Según los acontecimientos que se viven en cada momento, estas cumbres pueden pasar a la historia sin pena ni gloria, pero en otras ocasiones quedan como marca histórica que revela alguna crisis grave o alguna ruptura. Por ejemplo, la reunión cumbre de agosto de 1967, casi tres meses después de la derrota árabe en la guerra de los seis días, se celebró en Jartum, capital de Sudán, donde la Liga emitió su famosa resolución conocida como la de “los tres noes: no al reconocimiento de Israel, no a la negociación con Israel y no a la paz con Israel”.

Igualmente quedó para la historia la cumbre de noviembre de 1979, celebrada en Túnez, la cual se distinguió por el hecho de que Egipto, el país fundador de la Liga, fue expulsado de ésta en razón del acuerdo de paz que acababa de firmar el presidente egipcio Sadat con Israel. No fue sino hasta la de 1987, celebrada en Amán que, debido a la crisis que se vivía en el mundo árabe por la guerra entre Irán e Irak, Egipto fue readmitido.

La última reunión se celebró en Riad, Arabia Saudita, en noviembre pasado, con la peculiaridad de que conjuntó no sólo a los representantes de las 22 naciones árabes, sino que incluyó a 34 más, los países no árabes, pero sí identificados como islámicos. El tema central fue la guerra entre Hamás e Israel, que estalló a partir del feroz ataque terrorista de Hamás contra la población israelí ubicada en las cercanías de Gaza, ataque que cobró 1,200 muertos en un solo día, más la toma de cerca de 250 rehenes, casi la mitad de ellos en manos de Hamás hasta el día de hoy. Las resoluciones tomadas ahí se refirieron básicamente a la necesidad de impedir que esa guerra se extendiera poniendo en riesgo la estabilidad general de la región y, desde luego, a la necesidad del establecimiento de un Estado palestino independiente, libre de la ocupación israelí.

Sin embargo, fue notable que el término “Hamás” no apareció en absoluto en la redacción del documento oficial que daba cuenta de lo resuelto en dicha cumbre árabe-islámica. Y es que, si bien existía consenso total acerca de la necesidad de la autodeterminación e independencia palestina, Hamás no cuenta con el apoyo de la mayoría de quienes estuvieron presentes en Riad. De hecho, un buen número de países árabes sunnitas como Arabia Saudita, Jordania, Egipto, Emiratos Árabes y Bahréin, que se cuentan entre los más importantes dentro del mundo árabe, repudian profundamente a Hamás, al que consideran parte de la corriente ideológica y política de la Hermandad Musulmana y de ISIS o Estado Islámico, cuyo activismo les representa una seria amenaza a su estabilidad e intereses. Es más, hay evidencia de que estarían más que contentos de que el Hamás fuera derrotado.

Las pruebas concretas de ello no han faltado. Ni Emiratos ni Bahréin han roto sus relaciones diplomáticas con Israel, a pesar de la guerra. Egipto ha fungido como mediador privilegiado entre las partes y, por ende, está en comunicación constante con Israel. En cuanto a Jordania y Arabia Saudita, sus posiciones reales se evidenciaron cuando Irán lanzó hace unas semanas más de 300 drones y misiles contra Israel, y tanto Riad como Amán contrarrestaron varios de esos proyectiles cuando pasaron por sus respectivos espacios aéreos. Además, a pesar de la guerra, el príncipe saudita MBS no ha abandonado su interés de normalizar relaciones con Israel, proyecto en el que Washington es el mediador principal. Esos países árabes antagonizan más con Hamás, Irán, los hutíes y demás aliados de éstos en la zona, de lo que lo hacen con Israel, porque, en efecto, representan muchas más amenazas que éste. La complejidad de la situación es así más que evidente.

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