Unas veces tienes suerte y otras no. Me consterna la frialdad con la que se informa que la diputada Elizabeth Montoya está bien, que su vida no corre peligro, aunque perdió un ojo tras el ataque a balazos que sufrió a media semana en Culiacán.
Está bien, dicen, pero perdió un ojo. Uno de sus compañeros dijo que tiene lesiones cerebrales, pero que está bien. Qué pobre sensibilidad ante una situación, cuando menos, ambivalente. Más allá de abrazarla y darle la bienvenida a la fraternidad de los sobrevivientes, de reafirmarle que no la pudieron matar, y que la vida sigue y puede ser mejor, moriría por escuchar sus reflexiones. ¿En verdad estás bien? ¿Crees en la suerte, la suerte relativa? ¿En la fortuna, el azar, Dios? Por escuchar su opinión sobre la fragilidad humana, la vulnerabilidad en un país violento y peligroso. Discurrir con ella acerca de cómo la vida puede cambiarnos de manera drástica por hechos y circunstancias fuera de nuestro control. No sé si un día tendré el privilegio.
Le mando un abrazo a esa mujer que no conozco y que, me cuentan, es una persona de bien; a la exdirectora del DIF de Culiacán, a la presidenta de la Comisión de Atención a la Familia, Niñas, Niños y Adolescentes del Congreso de Sinaloa. Un beso, Elizabeth. Ojalá estés bien.
PD
“Fui un privilegiado por salir vivo y físicamente ileso. Un solo tiro que penetrara el blindaje pudo dejarme ciego, inválido, descerebrado, desfigurado. El blindaje resistió” (Del libro No me pudiste matar).
X: @CiroGómezL
