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Cómo se ubica México ante los riesgos globales según Davos

Esther Shabot

Esther Shabot

Catalejo

 

Cada enero se reúne el Foro Económico de Davos para discutir los temas más relevantes de interés global, aunque siempre se elige un tema central como eje conductor de las reflexiones. Este año la pregunta esencial fue qué hay que hacer para restablecer la economía global tras la crisis por coronavirus, para lo cual se procedió a la elaboración de un mapa de los riesgos globales que enfrentará el mundo en este año. Con ese propósito se escucharon los análisis de cerca de 700 expertos y tomadores de decisiones de los sectores público y privado, lo mismo que los de la aseguradora y consultora en el manejo de riesgos Marsh & McLennan. El resultado fue un mapa que señaló, en orden de su importancia y peso, la jerarquía de los riesgos que se prevé.

Aunque cada año aparecen en el reporte las enfermedades infecciosas y sus consecuencias como un riesgo a considerar, en enero de 2020 dicho riesgo se colocó en el décimo lugar en importancia, sin saber aún lo que se avecinaba. En este 2021 obviamente la crisis por covid se colocó en el primer lugar de la lista tanto en lo referente a los aspectos de salud y morbimortalidad a nivel global, como en el de sus efectos colaterales en términos económicos, políticos y sociales. Siguieron en el listado los fenómenos climáticos extremos, la disparidad digital y las fallas en ciberseguridad. Y aunque el riesgo de estallidos de violencia interna en buen número de naciones se colocó en octavo lugar, ni las guerras ni el terrorismo estuvieron entre los diez primeros riesgos. De hecho, la seguridad militar recibió una atención muy limitada en esta ocasión.

La debacle económica global, producto de la pandemia, fue naturalmente abordada de manera prioritaria, llegando a la conclusión, tras los análisis realizados en el foro, de que es necesaria una transición de políticas neoliberales apegadas a principios extremos de libre mercado, hacia un abordaje que promueva una intervención estatal en la economía dirigida no sólo a promover la recuperación, sino también a mitigar la inmensa brecha económica y social que prevalecía desde antes de la pandemia y que se ha agrandado más aún a partir de ésta.

A la luz de esas recomendaciones, es inevitable cuestionarnos cómo está respondiendo nuestro gobierno ante esta situación. Porque si bien en las mañaneras el Presidente insiste en achacar al neoliberalismo los numerosos males que aquejan a nuestra nación, hay que decir que, según lo muestran sus decisiones durante la pandemia, la política que se siguió fue absolutamente neoliberal. No otra cosa fue su expresión de “rásquense con sus propias uñas” ante la demanda de apoyos de las micro, pequeñas y medianas empresas, o su rechazo rotundo a la iniciativa de brindar un ingreso básico universal que pudiera sostener temporalmente a los millones de mexicanos y mexicanas víctimas de la pérdida de sus ingresos derivada de la necesidad del confinamiento. Como se documentó una y otra vez, México fue uno de los países que menor proporción de su PIB canalizó como ayuda de emergencia para mantener viva la planta productiva nacional.

En Davos también se enfatizaron como riesgos globales el cambio climático y los daños ambientales provocados por la acción humana. La creciente desertificación, los extensos incendios en aumento, las inundaciones, los daños a la biodiversidad, y la consecuente migración forzada de millones de personas en busca de sustento y seguridad, constituyeron, para quienes participaron en el foro, problemas para los cuales sólo la acción global responsable y concertada puede enfrentar.

Y aquí también nuestro gobierno circula en sentido contrario, ya que como se prevé con claridad, la reforma eléctrica de reciente aprobación en el Congreso, sin que se le cambiara ni una coma tal como lo exigió nuestro Presidente, no puede sino augurar una catástrofe ecológica, un inmenso daño a la salud de la población a partir de la contaminación derivada del uso del combustóleo y el carbón y, desde luego, una estocada mortal a nuestra ya de por sí golpeada economía.

Un panorama, como el que seguramente nos espera, de ninguna manera podrá coincidir con la proclama de “primero los pobres” con la que AMLO llegó al poder. Porque es evidente que son justamente los pobres, cuyo número va en vertiginoso ascenso, quienes menos herramientas y condiciones tienen para defenderse y protegerse del desastre que vivimos, fruto de la combinación de un fenómeno como el de la pandemia, con decisiones de políticas públicas no sólo erróneas, sino también perversas.

 

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